danza
Sitz, by Angela Lamprianidou
Interesantísimo si en una importante cena se te ocurriera encorvarte, agarrar los cubiertos como si fueran destornilladores y llevarte los trozos a la boca mientras tuerces el cuello 90 grados. De seguro que saldrías con una camisa de fuerza de tu cita, pero, sobre los escenarios, son esta clase de “locuras” las que siempre pedimos. Para ello, el coreógrafo ha tenido que pensar mucho sobre las convenciones y las posibilidades que el cuerpo le ofrece para destruirlas. Y, con ello, diseñar en el espacio y el tiempo. La danza pura tiene para rato y trabajos como Sitz, de Angela Lamprianidou, nos lo demuestran con movimientos individuales y colectivos con espíritu experimental, aunque evitando lo grotesco (que también mola, pero no es el caso) y priorizando el humor (pero el inteligente; el de las veladas sonrisas cómplices)./ Francisco Estrada



