Burning

CineJueves Noviembre 15
1-BURNING_Photo_12-©2018-PinehouseFilm (1)


¿Dónde?
Cinemes Mèliés
Villaroel, 102
Ver Mapa
Cuándo

A las 21:30h

Cuánto

Entre 4€ y 7€



¿Dónde?
Cinemes Mèliés
Villaroel, 102
Ver Mapa
¿Cuándo?

A las 21:30h

How Much?

Entre 4€ y 7€

Donde unos se explayan, otros susurran. La oscarizada Argo necesitaba dos horas para explicar un conflicto internacional, Lee Chang-Dong se basta con dos apuntes (un discurso de Donald Trump mientras el protagonista orina, un sonido en off con propaganda norcoreana). Si Ken Loach subraya la lucha de clases, Burning la deja en el aire, pero de manera que impregne toda su atmósfera. Hay más: conflicto generacional (una subtrama por la que conocemos el pasado del protagonista), laboral (una magnífica escena que denota la humillación de los candidatos a un puesto de trabajo)…

…y existencial: Lee Chang-Dong gusta, como Haruki Murakami, de mostrarnos a personajes desamparados deambulando por la gran urbe, llámese Tokio, Seúl o Universo. Y, aunque el japonés confunda demasiadas veces lo extravagante con lo siniestro y la trivialidad con la claridad, Chang-Dong acierta a construir, a partir de su relato “Quemar graneros” (en principio sugerente pero anecdótico en última instancia), una poderosa película con múltiples capas y puntos de fuga.

No es casual que Burning, la historia de Jongsu, Haemi y Ben (que será mejor no revelar), comience con un cigarrillo; tampoco lo es que alguien fume en cada giro de guion o momento relevante. El humo será así un sutil signo de puntuación y la combustión, ya apuntada en el título y central en la trama, devendrá metáfora de toda la película por su lenta evanescencia, por sus significados flotantes, por su capacidad de sostenerse sobre lo invisible –lo no dicho o apenas apuntado, el fuera de campo, las partes de la trama que hemos de imaginar.

Podríamos compararla con Yi yi (el largo y transparente testamento de Edward Yang, donde parece no suceder nada mientras ocurre todo) o con la música de Miles Davis (la rigidez de la partitura, la porosidad de la improvisación) que suena en uno de los momentos más hermosos del film, justo antes de mostrarnos cómo anochece con un solo movimiento de cámara. Pero, más allá de las comparaciones, es la obra cumbre de Lee Chang-Dong, que ya había demostrado en Oasis su capacidad para convertir en fácil lo difícil. Prestos a colaborar con el milagro, Yoo Ah In, Steven Yeun y Jun Yong-seo ofrecen unas soberbias interpretaciones que representan toda una gama de estados de ánimo, y que saben encarnar incluso los actos fallidos, los titubeos, los tropiezos de unos personajes sin centro de gravedad.

“A veces uno no ve lo que tiene más cerca”, le espeta Ben a Jongsu en una secuencia crucial del film. ¿Cuánto más nos dejará ver Burning, película al parecer inagotable?

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