Cuando pasan las cigüeñas

CineMiércoles Junio 28
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Donde
Filmoteca de Catalunya
Plaça Salvador Seguí, 1 – 9
Ver Mapa
Cuándo

A las 17h

Cuánto

4€



Donde
Filmoteca de Catalunya
Plaça Salvador Seguí, 1 – 9
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Cuándo

A las 17h

Cuánto

4€

“De todas las artes, el cine es para nosotros la más importante”. Esta máxima de Lenin constituía una auténtica declaración de principios, partiendo de la cual los fundamentos del socialismo debían llegar a las masas proletarias a veinticuatro fotogramas por segundo. Y digamos que funcionó en su origen, con la apertura de la primera escuela de cine del mundo y la eclosión de Eisenstein, Medvedkin, Pudovkin o Dovzhenko, maestros que supieron combinar la transmisión del mensaje patriótico y marxista con aciertos formales (sobre todo en el campo del montaje).

Con el ascenso de Stalin, y principalmente con su nombramiento como Presidente del Consejo de Ministros de la URSS (1941), la situación dio un vuelco, y las obras estrenadas (con puntualísimas excepciones), apenas si daban cuenta del magisterio de la generación precedente ni de sus hallazgos, conformándose con una transmisión plana y sin vuelo de los ideales soviéticos.

Por suerte, todo cambió tras la muerte de Stalin (1953) con el llamado “deshielo” que renegaba de buena parte del legado del tirano, y sus efectos se hicieron sentir sobre el arte: en el hermético zulo del realismo socialista se permitió la entrada de una apacible brisa de lirismo. En el ámbito del cine, su más genial artífice se llamó Mijaíl Kalatózov, autor de La carta nunca enviada y Soy Cuba, así como de la película que nos ocupa: Cuando pasan las cigüeñas (1957). Se trata de la conmovedora historia de una vida avasallada por la guerra, con sus proyectos desbaratados y el aniquilamiento de su amor y sus esperanzas. Contiene algunas de las secuencias más estremecedoras de la historia del cine, como la sincronización entre la ejecución de una pieza al piano con los bombardeos sobre Moscú, o el rostro de Tatyana Samojlova intentando abrirse paso entre la multitud triunfante.

Diremos poco más. Los afortunados que asistan a verla se sentirán traspasados, sin necesidad de más explicaciones, por esta sinfonía de luces y sombras, esta muestra de cine político e intimista a la vez, y de arte humano, definitivamente humano.

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