La casa de Jack

CineJueves Noviembre 29
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¿Dónde?
Sala Phenomena
C/ Sant Antoni Maria Claret, 168
Ver Mapa
Cuándo

A las 20:30h

Cuánto

9€



¿Dónde?
Sala Phenomena
C/ Sant Antoni Maria Claret, 168
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¿Cuándo?

A las 20:30h

How Much?

9€

Lars von Trier es, probablemente, el “autor” por excelencia del cine contemporáneo, lo cual no quiere decir que siempre se muestre igual de brillante, sino que sus estilemas son los más reconocibles. Prácticamente todos ellos se dan cita en La casa de Jack, desde la partición literaria en capítulos hasta algunos presupuestos del cine “dogma” (la cámara en mano, abruptos jump-cuts) que aquí se siguen parcialmente y se acomodan a la narración sin constreñirla.

Es por esto que no resulta difícil encontrar pasadizos entre sus obras, y a veces la comparación se antoja inevitable. Como Nymphomaniac, estamos ante una descripción de la compulsión: erótica en aquel caso (aunque acabara abocando a la autodestrucción) y tanática en este, paradójicamente construida sobre la autoafirmación nietzscheana de la voluntad.

Y es que Jack (Matt Dillon en el papel de su carrera, a un tiempo contenido y capaz de arrolladores estallidos puntuales) es un psicopático asesino en serie que considera artísticos sus crímenes y quiere para ellos la perfección, en una referencia nada solapada a Thomas de Quincey; Von Trier se permite, como el inglés, tomar toda la distancia posible para ironizar sobre el homicidio llegando hasta el sarcasmo y logrando una comedia de asesinatos que habría entusiasmado a Alfred Hitchcock, cuyos ecos resuenan en diversas secuencias donde contemplamos el modus operandi del criminal: imposible no pensar en Frenesí cuando, tras pedir ayuda a gritos una víctima, y tras espetarle el asesino que “en este infierno de ciudad, de país, de mundo, nadie quiere ayudar a nadie”, la cámara se aleja para mostrar un vecindario aséptico y desértico.

La risa nerviosa provocada por esta y otras situaciones (entre ellas, un hilarante y terrorífico picnic familiar) contagiará toda la película, hasta encontrar su objeto en todo y en todos, incluso en el propio Von Trier: en su endiosamiento, en sus acusaciones de misoginia y en el affaire “comprendo a Hitler”; incluso las citas de erudito de taberna (que anegaban la antedicha Nymphomaniac) encuentran su contrapartida irónica (“-¿Conoces el poema “El tigre y el cordero” de William Blake? -Conozco la obra de Blake superficialmente, pero me temo que nada me librará de una clase magistral”). Hasta llegar a un epílogo, tal vez superfluo, que en parte se ríe de la propia película y traiciona su espíritu.

En conclusión, La casa de Jack tiene (como Gertrud y Saraband, por citar a dos maestros nórdicos muy queridos por él) algo de testamentario, de recapitulación. Esperemos, dado el tono mordaz de esta su película más divertida, que solo sea el inicio de una nueva etapa.

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