Los odiosos ocho

CineViernes Julio 21
Los odiosos 8


Donde
Castillo de Montjuïc
Fossat de Santa Eulàlia
Ver Mapa
Cuándo

A las 20:45h concierto / a las 22h película

Cuánto

6€



Donde
Castillo de Montjuïc
Fossat de Santa Eulàlia
Ver Mapa
Cuándo

A las 20:45h concierto / a las 22h película

Cuánto

6€

Una diligencia recorre un páramo helado, un hombre la espera sentado sobre una pila de cadáveres. Estas son las secuencias iniciales de la octava película de Quentin Tarantino, que en nuestro país lleva el desafortunado (por ponerlo suavemente) título de Los odiosos 8. El film nos sumerge una vez más en este universo espástico que Tarantino lleva años construyendo; conversaciones tan apretadas como el mecanismo de un reloj, un fantástico uso del mapa sonoro y escenas filmadas con el talento natural de alguien que nació para el oficio.

En su segundo western, el de Tennessee se aleja de grandes referentes como Ford o Hawks y abandona los grandes paisajes nevados de Wyoming para obligarnos a guarecernos (al igual que a sus personajes) en una opresiva taberna, una suerte de albergue español donde nada es lo que parece y donde cada palabra, por nimia que sea, puede llevar oculta la promesa de un disparo. Durante tres horas y quince minutos nos obliga a recorrer este museo de cera de personajes pendencieros y malencarados. Cada uno de ellos desborda magnetismo animal y la coreografía está tan bien trazada que casi no deja un momento para respirar entre una acción y la siguiente, gracias también a las sólidas interpretaciones de todos en elenco, en especial al dueto formado por Jennifer Jason Leigh y Kurt Russell, cuyos personajes se beben la pantalla en cada escena.

Por supuesto es de Tarantino de quién estamos hablando, y ya conocemos bien sus filias y sus fobias. No encontraremos en esta película profundas reflexiones sobre la existencia humana ni innovadores usos del lenguaje cinematográfico. Encontraremos lo que siempre encontramos en sus películas; la mirada de un niño que con ojos de alucinado nos cuenta sus pequeñas historias de gente cruel que recibe crueles castigos y revólveres de plata que brillan en la noche empapados en sangre. Un niño que cuenta historias en su cuarto de juegos y que, con mucha frecuencia, consigue dejarnos pegados en el asiento.

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