Entrevista a Coyu

Si hay un adjetivo que pueda ir ligado a la figura del dj y productor Coyu es el de perseverancia. Aunque también podríamos seguir enunciando buenas maneras echando un vistazo a su trayectoria en el campo del techno y del house: amor por lo que hace y cantidades ingentes de trabajo aplicadas a producciones, remezclas e investigación y edición en su propio sello, Suara -creado en 2008-. Un sello que además de editar a buenos creadores y tener éxito internacional es fundación: “The Big Cat” no solo utiliza la buena imagen que desde hace años crea GaAs en torno a los gatos para todas sus referencias -y con quien estará en directo el día 18 en Sónar de Noche, tras la actuación de New Order-, sino que ayuda a gatos callejeros abandonados a tener una vida, o siete, mejor. Proyectos que van unidos y que coinciden con la imagen gatuna del festival este año. Nos adentramos en el universo felino del creador catalán.


La primera vez que pudimos disfrutarte en Sónar fue hace 4 años, en 2012: ¿qué hay de nuevo ahora? ¿Qué diferencias, a bote pronto, encuentras en tu forma de enfrentarte a un set?
Me siento mucho más maduro. Tanto a nivel personal como profesional. Ya he llegado a la treintena, soy habitual en grandes eventos a nivel mundial y mi recorrido en la escena de Barcelona se ha ampliado enormemente. Actualmente dirijo dos fiestas, Suara y Feline, ambas de éxito y en dos de los clubs principales de la ciudad, Under y Nitsa. Suara, además, es uno de los sellos más relevantes de la escena electrónica internacional, lo que hace que cojas la suficiente experiencia como para no sentir los mismos nervios de un primer Sónar. Imagínate. Verano del 2012. Mi presencia en la escena barcelonesa era casi testimonial. Sí, ya llevaba un año haciendo fiestas Suara en Nitsa y pinchaba habitualmente en los clubs de la ciudad, pero era un nombre más. No me sentía lo suficientemente querido ni apoyado, pero por primera vez actuaba en “mi” festival. Y digo “mi” festival ya que para cualquier barcelonés al que le gusta la electrónica de baile, Sónar es “su” festival. Lo hacía en el escenario principal. Con mi gente. Justo antes del headliner de la noche, Richie Hawtin. Sin ser nadie. Fueron momentos tensos. Mágicos. Inolvidables. Nunca he sentido una sensación igual. Y se que nunca la volveré a sentir. Esa sesión me hizo crecer mucho. Fue todo un espaldarazo a mi carrera, sobre todo en lo que respecta al ámbito local.

¿Qué ha cambiado en tu carrera profesional desde aquel tema “El Baile Alemán”, que en 2009 te hiciera posicionarte en el #1 del año en Beatport?
Todo. Soy otro, completamente. Mi perspectiva de la música ha cambiado radicalmente. Ahora ya no sólo es pasión, sino que es mi trabajo, mi negocio, mi forma de entender la vida. Y siento que con perseverancia, imaginación y dedicación puedo moldear dicho trabajo a mi antojo. Obviamente tengo mis limitaciones, pero siento que actualmente estoy creando algo propio a mi alrededor. Algo original y diferente a lo que ha habido hasta ahora. Ni mejor, ni peor. Diferente. A mi manera. Tengo la convicción de que estamos construyendo nuestra propia forma de sentir la música. Y eso es realmente muy enriquecedor e inspirador. Y lo mejor de todo es que ha surgido de una forma muy natural y orgánica. La gente piensa que gran parte de mi éxito o el de Suara es el marketing, y no lo es. Siempre tenemos en mente lo que puede querer la gente, porque sin ella no estaríamos aquí, pero al fin y al cabo quien decide soy yo, somos nosotros. Y el hecho de editar 5 o 6 estilos diferentes en un mismo sello y tener éxito es algo muy poco habitual en la escena, por no decir que es la primera vez que ocurre. Lo mismo que la mezcla de música, moda y consciencia social. Estamos creando algo nuevo y diferente. Algo que hasta ahora no se había visto en la escena electrónica.

Es algo antes cuando te planteas un todo o nada: “O consigo vivir de la música o lo dejo”. ¿Cómo es ahora hacer música con reconocimiento y ese historial de buenas críticas? (me pregunto si sigue siendo difícil en algún punto).
Hubo un momento crucial en mi vida. Poco antes de “El Baile Alemán” decidí dejar de estudiar. Llevaba cinco años cursando Ciencias Políticas en la Autónoma de Barcelona, pero la mayoría del tiempo lo pasaba en la sala de informática escuchando música y concibiendo lo que sería Atypical Farm, mi primer sello discográfico. A la vez trabajaba en la redacción de la revista TRAX y montaba mis propias fiestas en Barcelona, principalmente en el micro-club Macarena. También tuve mi programa de radio en Scanner FM y, sobre todo, era un habitual de la noche de la ciudad. Principalmente se me podía ver en Nitsa, mi playground la mayoría de viernes y sábados, donde aprendí a conocer y disfrutar la música gracias al eclecticismo de sus carteles y, sobre todo, de sus residentes: DJ de Mierda (Marc Piñol) y DJ Fra. Gran parte de lo que soy se lo debo a esas largas noches en la Sala Apolo. Cerró TRAX y me pasaron a la revista Deejay. Allí también aprendí mucho, de lo bueno, sí, pero también de todo lo malo que hay -y mucho- en este sector. Me curtí como profesional y me dio una versión mucho más profunda de lo que era la escena electrónica, principalmente nacional. Cuando decidí dejar de estudiar me dije a mi mismo que si en los próximos dos años no era capaz de poder vivir dignamente de la música volvería a la universidad, acabaría la carrera y buscaría trabajo. Sinceramente, nunca creí que eso fuera a ocurrir. La música me gustaba demasiado como para dejarla escapar.

¿Pasa la fórmula del éxito en este campo, el de la música electrónica, por el “Háztelo tú mismo. Produce, remezcla y ten tu propio sello”?

No es necesario ni producir, ni remezclar ni tener tu propio sello, aunque en muchos casos sí que ayuda para llegar a tener cierta relevancia en la escena. No obstante, si nos ceñimos estrictamente a España no es posible ser alguien sin hacer carrera como productor. No al menos hoy en día. Nuestra escena está a años luz de la inglesa, alemana u holandesa. Sólo tienes que echar un vistazo a todos esos DJs -no españoles- que tienen éxito sin necesidad de producir música ni tener su propio sello. En la lista del top100 de Resident Advisor hay unos cuantos. Ben Ufo o Job Jobse. Pero claro, en España difícilmente saldrá un Ben Ufo. Los hay. Y muy buenos. Angel Molina o DJ Zero, por ejemplo, son Dioses y en España hace años que no se les da el reconocimiento que merecen. El problema es que hoy en día parece que a nadie le importa una mierda lo que pinches, sólo vales por los tickets que vendes. Y únicamente eres capaz de vender tickets creando hype. ¿Cómo se crea dicho hype? ¿Siendo un gran DJ? NO. Produciendo hits. Y ahí, obviamente, me incluyo yo. Yo también soy parte de esta perversión. Por eso en España no tenemos clubs donde lo más importante sea la calidad de sonido (del club) y la selección musical (de los DJs). Y si los hay, no duran más de unos meses. Es algo que deberíamos cambiar. Por el bien de la música en este país. Es por eso que he creado Feline, sub-sello donde únicamente editamos en vinilo y que hasta la fecha solo hemos contado con producto nacional. Artistas de casa que no tienen el respaldo que merecen. En Feline, y bajo el amplio paraguas de Suara, vamos a intentar dárselo.

¿Cómo se ha ido desarrollando con el sello la fundación?
Todo el crédito debería ir a mi chica, Aida. Ella es el motor de la fundación. Sin ella no habría ni gatos. Es veterinaria felina y la persona más trabajadora y amante de su trabajo que conozco. Son muchos los domingos y días festivos que va a la clínica donde trabaja fuera de su horario laboral para medicar a algún gato de la fundación que hay ingresado. Yo simplemente pongo la parte visual de la fundación, ya que mi presencia ayuda a que más gente se anime a apoyarnos, ya sea viniendo a nuestras fiestas o comprando ropa del Store. Un porcentaje de los beneficios del Store van directamente a la fundación. En realidad no es que hayan muchos beneficios, ya que somos una marca joven y aún estamos empezando, pero queda mejor decir eso que no que el dinero viene de mi bolsillo. En realidad la fundación y el Store van de la mano. No se entiende el uno sin el otro. Toda la ropa que producimos en el Store es orgánica y, en muchos casos, reciclada. Se produce lo más local posible, nunca en países donde se violan los derechos de los trabajadores, e intentamos que sea lo más sostenible posible. Es por eso que una camiseta de Suara nunca te va a costar igual que una del H&M o de Zara. Aparte es que producimos muy poquito. Por ahora nuestros productos son muy exclusivos. Aunque también es verdad que hemos vendido a Hawaii y a países que por mucha geografía que conozcas nunca te imaginarías que existen. Vendemos a todo el mundo, especialmente en Estados Unidos. Y en breve tendremos nuestro propio espacio en Barcelona, en una de las esquinas del Mercat del Born. Muy céntrico y espacioso. Dos plantas. La primera la dedicaremos al Store y servirá como espacio multifuncional. Intentaremos que ocurran cosas. En la de arriba, aparte de la oficina de Suara, será la sede de la fundación, y vivirán gatos. La gente podrá comprarse una camiseta y ver a nuestros gatos dentro de un mismo espacio. Incluso, puede llegar a adoptarlos. Ese es el objetivo, poder dar en adopción al mayor número de gatos posible.

¿Qué hay de gato en Coyu?
Casi todo. Me gustan los perros. Tengo uno en casa de mi madre. Heysel, un beagle que, como casi todos los de su raza, es muy juguetón, le encanta comerse todo lo que pilla por la calle y está algo loco. Pero no puedo estar mucho rato con él. Me genera cierto estrés, como la mayoría de perros. En cambio es llegar a casa, ver cómo te reciban los gatos, la tranquilidad que emanan, y se me pasa. Soy un tipo nervioso, no paro de moverme ni de pensar. Pero necesito tranquilidad a mi alrededor. Por eso vivo a las afueras de Barcelona, en la playa. Y por eso supongo que me encantan los gatos. Me producen paz. Y yo creo que a ellos también. Ya que me llevo genial con ellos. He aprendido a tratarlos. La gente ve un gato y realiza los mismos gestos que si viera un perro. Es el gran error. Tratar a los gatos como si fueran perros. No lo son. Cada uno tiene su timming, su forma de ser, de razonar, de relacionarse. Los perros son casi todo iguales. Los gatos en cambio no sabes cómo van a reaccionar. Me recuerdan en ese aspecto a los humanos. Mi relación contigo puede ser buena, mala o regular. Exactamente lo mismo que ellos. Pueden tener una relación estupenda contigo desde el minuto 1 y no querer acercarse a mí por mucho tiempo que pasen conmigo. La relación de mi perro contigo, conmigo, con el mundo es buena en general, lame a todo el mundo que ve, sin distinción, desde la primera vez que está contigo. La confianza de un gato te la has de ganar. Igual que la de una persona.

Por Alicia García Núñez.
Agradecimientos: Bruno Garca.

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