La Constelación del Perro

Peter Heller consigue aunar en “La constelación del perro” todos los ingredientes para crear una obra trascendente: unos personajes excepcionales, un argumento que sorprende constantemente y una narración profunda que enamora sin aburrir. Es una novela admirable a la que no se le ven las costuras. Hig es el protagonista y narrador de esta historia. Este buen hombre se encuentra en una situación vital bastante curiosa ya que una pandemia ha arrasado con el 90% de la población. Convive con su perro y con un tipo llamado Bangley. Si tuviéramos que resumir en pocas palabras sus perfiles, podríamos decir que el narrador se aferra al humano que hay en él mientras que su compañero opta por su parte más primitiva (hablo de Bangley, no del perro). Aun así, coexisten (que no conviven) porque se necesitan para protegerse de ataques externos; Hig tiene una avioneta con la que sobrevuela el perímetro y Bangley, un arsenal entero. Este punto de partida podría llevarnos a pensar que se trata del típico libro simplón apocalíptico en el que se sobrevive a balazos y se salva a la humanidad de los malos malísimos (ya sean zombis o infectados). Nada más lejos de la realidad. El protagonista nos permite acceder a su realidad (tanto interior como exterior) sin filtros; Heller lo consigue sin caer en un discurso introspectivo cansino, combinando momentos reflexivos con momentos viscerales, momentos en los que Hig se detiene a tomar conciencia de su existencia con momentos punzantes y desgarradores. Hablando pronto y mal: las pasaremos putas con Hig, sufriremos y el corazón se acelerará hasta ponernos cardíacos aunque también reiremos muchísimo (los ojos querrán leer más rápido que la mente). Amor, odio, desolación, esperanza. Acción (en ningún momento ‘palomitera’), sexo, desesperación, alegría en estado puro, desidia, ganas de vivir… Y un elemento que hace de La constelación del perro una obra atemporal: el planteamiento de cuestiones vitales que, en esta vida caótica que fluye entre ansiolíticos y aspirinas, jamás nos paramos a pensar. Carente de eufemismos baratos y llamando a las cosas por su nombre, nunca se renuncia a la calidad literaria. Es un #must que dará mucho que hablar.

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