Natasha Drewnicki

¿Quién eres y a qué te dedicas?

Me llamo Natasha Drewnicki y soy una fotógrafa/periodista freelance de Cornwall, Inglaterra. Estudié fotografía y me mudé a Barcelona en 2008 después de graduarme para trabajar aquí como fotógrafa y profesora de inglés. Acabó de empezar a hacer colaboraciones como freelance para publicaciones inglesas en Barcelona y Reino Unido, mientras perfecciono mis conocimientos a través de un curso a distancia. El hecho de ser freelance es liberador, pero como la mayoría de cosas últimamente, no es fácil y requiere mucha motivación y cierta fortaleza.

¿Cuál es la idea de tus portadas?

Una curiosidad inherente acerca de las personas y de las cosas que naturalmente les rodean es lo que me lleva a crear imágenes. Me esfuerzo por conocer mejor a la gente a través de la fotografía, por desmontar una idea o un sentimiento hasta llegar a su esencia para que cause el mayor impacto con el menor número de añadidos posibles. Roland Barthes lo describe perfectamente: “lo esencial de la imagen es que esté totalmente expuesta, sin intimidad, y aún más misteriosa que el pensamiento del ser más íntimo, sin significado, y sin embargo, haciendo acopio de la profundidad de cualquier posible significado.” Para mí, la belleza de hacer fotografías reside en capturar un momento perfecto, fortuito, a través de la intuición. Una fracción de segundo puede suponer la diferencia entre una fotografía mágica y una que acabarás descartando.

¿Cómo sería tu día perfecto en Barcelona?

Pasaría el día entero fuera de casa, aprovechando el calor del Mediterráneo con buenos amigos, primero bajo el sol y luego, más tarde, bajo las estrellas. Nos despertaríamos en un barco en algún lugar de la Costa Brava (¿alguien quiere dejarme el suyo?), pescaríamos un rato por la mañana y nos daríamos un baño, seguido del brunch perfecto a base de pescado fresco que habríamos pescado por la mañana con unos huevos revueltos. Navegaríamos a la deriva por la costa y admiraríamos la ciudad desde el mar, y después nos transportaríamos mágicamente a Montjuïc para tomar café y contemplar Barcelona desde las alturas. Quizá nos encontraríamos con alguna pool-party, bailaríamos un rato y después cogeríamos las bicicletas para dar un largo paseo por las playas, parando para comer una deliciosa paella y tomar cava en mi restaurante favorito de la Barceloneta. Después iríamos al Fórum, donde disfrutaríamos de la música de unos cuantos grupos y DJs en el Cruïlla y de una buena fiesta, para después volver al barco con un grupo reducido de amigos. Para terminar, nos bañaríamos desnudos en el mar y dormiríamos bajo un manto de estrellas y por la mañana tomaríamos chocolate con churros para desayunar. El cielo.


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Delicioso homenaje a la gastronomía del sudeste asiático.