Sueños y secretos de Nico Nubiola

Cuerpos mutilados, rostros inexpresivos, posturas imposibles… Nico Nubiola refleja al ser humano de un modo único y perturbador. Con una amplia experiencia en la escenografía como escultor de gran formato, este empordanés siempre ha mostrado una gran inquietud por el mundo de la ilustración y el diseño. De hecho, lanzó su propia marca de camisetas, Nubius, que tras un parón de dos o tres años piensa relanzar. Ahora, y hasta el 26 de octubre, expone su última colección, “Parking gratis (para clientes)” en la galería Eat Meat. De ella y más cosas hablamos con Nico.

¿Quiénes son los personajes de “Parking gratis (para clientes)”?

Son la gente normal. Contrapongo la realidad de la gente con el discurso publicitario. Representan a las personas en su casa o en un sitio donde nadie les ve, tirados, en posturas extrañas, haciendo las cosas que les gusta, etc. Esto genera una especie de absurdo con los eslóganes publicitarios que les pongo como título, que chocan completamente porque no tienen nada que ver con ellos.

¿Por qué están desnudos?

En realidad no están todos desnudos, pero sí es cierto que muchos lo están, y quizás sea porque son modelos que salen directamente de mi imaginación. Lo mismo me imagino a la gente desnuda, no sé. Pero sí, así están con ellos mismos, de una manera natural y en un momento de intimidad: sin nada que les tape.

¿En qué te inspiraste?

Me he inspirado en muchas cosas: cómic, dibujos animados, escultura antigua… voy tomando de muchos lados. Incluso me he inspirado en el lenguaje de los cómicos, de los Hermanos Marx, por ejemplo. Bebo de muchos sitios distintos.

Has mencionado a los Hermanos Marx como fuente de inspiración. ¿Hay un fuerte componente humorístico en tu obra?

Sí. Hay que reivindicar el humor, ponerlo en contraposición a esta visión a veces tan abstrusa del arte. Me gusta trabajar con la sorna, el humor y la mofa.

Quizá es pronto para decirlo, pero: ¿cómo está siendo la acogida de la expo?

Ha ido muy bien. A la inauguración vino mucha gente y les gustó muchísimo. Se ha vendido algo, aunque no todo lo que uno quisiera. Los medios también le han prestado bastante atención. En esto influye mucho el lugar, porque la galería Eat Meat es un sitio un poco extraño pero también estimulante, tanto para mí como para cierta generación de gente.

He visto que tienes varias obras dedicadas de un modo u otro al onanismo. ¿Es por algo en concreto?

Supongo, no sé cuántas hay, pero debe de ser casualidad. Está el “Onanista enlatado“, que formaba parte de una serie que no se llegó a terminar pero que tenía que ver más bien con la antropofagia, que sí es un tema más recurrente en mí. El onanismo, no sé, es también un momento en que la persona está consigo misma y libre de sus cargas. Pero tampoco es que me interese especialmente, lo que pasa es que como yo soy practicante… (ríe).

Has trabajado en madera policromada con lápices de colores. ¿Por qué esa técnica?

Es una técnica que me encontré por casualidad haciendo alguna escultura y el resultado me gustó tanto que lo estoy repitiendo. Da una vibración especial a la escultura, además de ser muy económica y de permitir mucha precisión. También parece muy natural.

¿Nos cuentas un sueño?

Bajo de una montaña y todo el mundo está mutilado. Se están comiendo unos a otros. Parece que les gusta el menú.

¿Y un secreto?

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/Entrevista por Samuel Valiente

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