Sueños y secretos de… Stay Hungry, Stay Foolish

Somos Lucas Daglio y Guadalupe González y tenemos un proyecto en común de entrenamiento creativo que se llama Stay Hungry, Stay Foolish. Yo (Lucas) soy publicista y trabajé muchos años en publicidad en Buenos Aires y también aquí, cuando me vine a Barcelona. Empecé a dar clases en Argentina y seguí con ello cuando me trasladé aquí… Y ya va a hacer unos seis o siete años que soy profesor. Y yo (Guada) soy diseñadora y vine a Barcelona desde Buenos Aires hace cinco años. Trabajé durante bastante tiempo en diferentes estudios y hace unos meses me sumé a full-time al proyecto de Stay Hungry, Stay Foolish.

¿Y en qué consiste el proyecto?

Nuestro objetivo es ser, por un lado, un taller donde formar grupos de trabajo en los que la gente pueda desarrollar sus propios proyectos, y por otro, un estudio de comunicación que funcione como soporte para que la gente que viene a los talleres tenga una estructura en la que llevar a la realidad esos proyectos. Es decir, no queremos estar únicamente en el desarrollo de la idea, sino en todo el proceso de trabajo, hasta que los proyectos se hagan realidad. Queremos que éste sea un espacio de experimentación y de proyectos nuevos, pero también queremos demostrarles a los alumnos que todas las técnicas y procesos que aprenden pueden tener un resultado tangible.

El nombre llama mucho la atención… ¿Hace referencia a la famosa frase de Steve Jobs y se lo habéis puesto porque sentís algún tipo de admiración hacia él o tiene alguna otra explicación? 

Steve Jobs es un personaje interesante, sin duda… Aunque no sé si diría que le admiro. Yo (Lucas) vi la famosa charla de Jobs en Stanford hace unos cuantos años, en un momento muy adecuado para verla, en el que tenía demasiadas preguntas en la cabeza y demasiadas zonas oscuras y necesitaba alguien que me encarrilara un poco. Para mí fue esa charla en particular. Así que la adopte como charla inicial para comenzar mis talleres en Buenos Aires con la idea de transmitir a los alumnos que hay formas nuevas de hacer las cosas. Mis alumnos eran estudiantes de primer año de Publicidad y venían con una forma de aprender muy organizada, con demasiados parámetros, y lo que quería era que empezaran a abrir un poco la cabeza. Y esa charla era una forma de despertar algo nuevo en ellos. Es verdad que la frase de “Stay Hungry, Stay Foolish” la dice al final de la conferencia, pero no es suya. La frase salió publicada en la última contraportada de los Catálogos Mundiales, que además yo los tenía en casa y me encantaban, así que cuando la escuché me acordé de ella y conectó con una parte de mí y de mi niñez. Me encantó la frase y me pareció que representaba muy bien la forma en la que pensamos nuestro trabajo y nuestra vida, la idea de seguir aprendiendo, seguir hambriento en ese sentido, y seguir jugando, con la misma seriedad con la que juegan los niños.

¿Y seguís utilizando el vídeo de la charla al inicio de los talleres?

Ahora ya no, porque nos pasó algo bastante irónico… El primer taller que dimos bajo el nombre de Stay Hungry, Stay Foolish, fue el día que Steve Jobs murió. El taller fue genial, pero en un momento dado se fue la luz, y al día siguiente me enteré de que se había muerto, y me agarró como un frío… Esa fue la última vez que puse la charla (jajaja).

¿Cómo empezó todo y cómo surgió la idea de impartir estos talleres?

(Lucas) Yo estudié Publicidad y, cuando salí de la universidad, me di cuenta de que, en realidad, nadie me había enseñado cómo tener una idea. Tenía que buscar trabajo y no sabía cómo hacerlo… Al final empecé a trabajar en una agencia, pero seguía teniendo ese miedo de que nadie me había enseñado a tener ideas, y como no sabía qué hacer, me empecé a inventar historias; conectaba cosas, leía libros, tenía un montón de juguetes sobre mi mesa de trabajo… Un día, llegó uno de mis jefes al que no había visto en mi vida, y me preguntó cómo trabajaba. Se lo expliqué y me dijo que eso que yo hacía se llamaba “conceptualización y generación de ideas”. Yo no tenía ni idea de lo que estaba hablando, pero él me pidió que pusiera por escrito todos estos ejercicios de trabajo. Se los mostré y me dijo que fuera a hablar con la Escuela de Publicitarios de Buenos Aires, donde me propusieron dar clases. Yo era muy joven por aquel entonces y al principio dije que no, pero al final me decidí y lo hice. Eran tres horas de clase y a veces no sabía cómo llenar todo eso tiempo, así que, igual que cuando entré a trabajar y no sabía qué hacer, me lo inventaba, cuando empecé a dar clases, como no sabía qué decir, aprendí a escuchar. Así empecé a construir un plan de estudios propio, con los ejercicios que utilizaba en la agencia y también con otros nuevos que fui incorporando. Cuando vine a Barcelona, y mientras esperaba a que mi situación estuviera regularizada, empecé a impartir un taller para potenciar la creatividad individual. Llamamos al proyecto “Clandestino” y lo que pasó en ese taller fue genial. Vinieron doce personas y me di cuenta de que existía una necesidad en la gente de poder hacer cosas más allá de su rutina diaria.

¿En qué consiste el entrenamiento creativo? ¿Se puede entrenar la creatividad?

La creatividad es un ejercicio de identidad. Uno tiene que buscar entre sus propios recursos esa mirada distinta que todos tenemos sobre las cosas. Es una forma de pensamiento constructivo y una forma de saber pensar. Como habilidad, la vamos perdiendo con el tiempo (los sistemas de enseñanza también coartan bastante la capacidad creativa, no producen mentes que sepan conectar historias; todo esto deteriora nuestra capacidad de pensamiento crítico y de relacionar cosas, y la creatividad es eso, saber relacionar hechos aparentemente no relacionables) y es algo que puede entrenarse. El entrenamiento consiste en regresar a ese pensamiento constructivo, y eso es lo que nosotros hacemos en los talleres, aplicar procesos de trabajo para lograr poner a la persona en un lugar inédito.

¿Qué tipo de gente acude a los talleres?

De todo tipo: gente que trabaja en publicidad, diseñadores… Pero sobre todo, gente que cree que no es creativa, y lo que tratamos de enseñar es que todo el mundo puede serlo, pero que la creatividad puede estar un poco oculta. Y al final todo el mundo acaba superándose a sí mismo. Los talleres sirven para abrir una puerta, ampliar la gama de intereses, dejar que el juego forme parte de tus procesos de trabajo… La gente acaba haciendo cosas increíbles. Acabamos de lanzar un blog en el que se pueden ver los comentarios de nuestros ex-alumnos y acceder a los proyectos personales de cada uno. Es una forma de darles visibilidad y también de que puedan conectarse entre ellos.

¿Habéis notado que con la crisis la gente está más preocupada por formarse, aprender cosas nuevas y ser más creativos?

Sí, totalmente. En la situación actual, cada uno tiene que ser su propio departamento de I+D. La gente no solo viene para reconvertirse profesionalmente, sino también porque necesita compartir tiempo con otras personas que tienen motivación y energía para hacer cosas. A pesar de todo lo negativo que tiene la crisis, hay un aspecto positivo, que es precisamente esa búsqueda que se genera al no tener todo tan seguro. Y se descubren cosas muy interesante. Los cambios al final son una fuente de oportunidades.

¿Nos contáis un sueño?

(Guada) Un sueño ambicioso sería que los valores humanos empiecen a tener más importancia que los valores materiales. Y uno más pequeñito, tener más tiempo para leer.

(Lucas) Mi sueño siempre fue poder transformar mi pasión en un trabajo. Y mi sueño complementario es que toda la gente que pase por el taller lo logre.

¿Y un secreto?

(Guada) Que a pesar de todo lo que pasa en esta ciudad, yo sigo enamorada de Barcelona.

(Lucas) Saber escuchar.

Fotografía por: Lea Tyrallová.

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