Versus, by Karlos Linazasoro

En una isla que mide diez metros de largo y cinco de ancho vive Versus. ¿Una isla-naúfrago o una isla-naufragio? Las 99 píldoras que alimentan la estampa de esta pequeña isla desierta sirven de bálsamo ante la soledad y la nostalgia. El cielo y la tierra como sustento de esa identidad concreta y abstracta, donde pasamos de la tragedia a lo cómico como modo de vida, donde se suceden los recuerdos, los sueños y el día a día. Como si se tratara de un manual de supervivencia. ¿Quién no se ha sentido alguna vez Versus? Somos náufragos desorientados, confundidos, esperanzados, víctimas renacidas. Ante la esperanza, un grito a la incomunicación, no saber de nada y querer saber de todo. Ya se encargará el océano, un inmenso catálogo de respuestas a las incertidumbres, un pozo al que devolver toda las desgana que despreciamos.

Versus es la metáfora de todo el desamparo que marca la vida. ¿Y si te encuentran? Todo claro, preparas un discurso de bienvenida, aclaras tus negocios poéticos y les brindas el pan que cae del cielo. La palmera que te acompaña como esa garita que ve más allá de los mares, como púlpito mitinero de lo trágico y soñado. Vives en un poliédrico espacio del todo a la nada, de la nada al todo. Surcan largas distancias imposibles para el náufrago que camina por el borde en busca de la madre que le llama. A Versus hay que volver, en silencio, sin alardes, como una sesión de gimnasia poética todopoderosa. Porque la elegancia se sirve en poco más de cien páginas.

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Tapas desenfadadas y bocadillos gourmet.