Entrevista a Cécile Hug

Cuéntanos, ¿quién es Cécile Hug?

Una cosechadora. Nacida a la orilla del lago Lemán y de padres viticultores, crecí al ritmo de la naturaleza. De niña participaba en las vendimias. Muy temprano aprendí a manejar las tijeras de podar y a observar antes de elegir el corte justo. Hoy mi trabajo hace que este gesto que me transmitieron pueda perdurar.

Tus obras se centran principalmente en el cuerpo y en sus partes más íntimas que materializas con delicadeza y sensibilidad. ¿Cómo nació esta idea?

Mis obras son siempre la consecuencia de un estado de admiración, en singular o en plural, respecto a una planta, un insecto, un cuerpo, una sensación, un material. Las veo como la continuación de este estado. Y si el cuerpo es protagonista en mi obra es porque me evoca muchas sensaciones.

¿Describirte como una cartógrafa del cuerpo sería una buena definición? 

Céline du Chéné, de la radio France Culture, en el texto que redactó para mi exposición Blasón del cuerpo, habla de «mapa de la ternura», de «cartografía amorosa» y de «geografía sensual». Sólo puedo asentir con esta definición. El cuerpo es mi territorio de investigación.

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Fotografía de Gabriella Benkő

Se acaba de inaugurar en Mutuo la exposición colectiva Clair De Rouge (Claro de Rojo) cuya iniciativa fue tuya. ¿Cómo pusiste en marcha este proyecto y por qué elegiste Barcelona ?

Ante todo me gustaría agradecer a todos los artistas que han aceptado mi invitación. Han hecho muy buenas propuestas. Su confianza y amistad me conmueven. Doy las gracias también a Nuria Llorca del equipo de Mutuo quien me ha dado carta blanca para esta muestra en Barcelona. Ciudad a la cual tengo muchísimo cariño y que siempre me acoge rodeada de artistas que comparten el mismo interés por el cuerpo y las sensaciones.

Clair de rougese constuye alrededor de un color y de sus tonalidades. Empezamos con el rojo intenso del video de Nicolas Tourte y del dibujo de Nathalie Tacheau para ir hasta la escultura blanca compuesta de huesos de Corine Borgnet, pasando por todas las variaciones de rosa. El rosa de los lokums de Paul-Armand Gette, las piedras de Marie Breger, el varano de Joël Hubaut, la perra y la gata de Tamina Beausoleil, las flores de Régis Perray, los retratos de Cornelia Eichhorn, el volcán de Céline Paul y mis pezones.  Con Marie-Cécile Conhil de Bessac, Frédéric Develay y Godeleine Auger, el rojo se convertirá en huella, luz y recuerdos.

¿Y a ti qué te inspira el rojo?

Es el color de mis sábanas, mis deseos y mis fresas. La traza de una emoción, de una turbación. Lo llevo a menudo.

Háblanos de tus «pezones», la obra que presentas en esta exposición.

En efecto prresento «Les rendez-vous tétons» («Encuentro con pezones»), una instalación compuesta de 21 huellas de pezones en porcelana. Pezones masculinos, femeninos, formas puras y minimalistas, que yo pinté de rosa, color de su sabor. Una obra que juega con repeticiones y variaciones como hago a menudo en mi trabajo. Presentaré también la obra titulada «Ascensión», unas nalgas rosas coronadas por una mariposa.

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“Les rendez-vous tétons”, de Cécile Hug

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“Ascension”, de Cécile Hug

 

En tus obras incorporas todo tipo de materiales, como por ejemplo en tu proyecto «La Entrepierna». ¿Las texturas son una parte importante de tu trabajo?

Sí. Una sensación, es algo que visualmente sigue bastante abstracto y difícilmente palpable, pero no por eso menos real. Por eso siempre prefiero sugerir. Utilizar una libélula, una brizna de avena o semillas de clemátide me permite evocar un encuentro amoroso, un clítoris o espermatozoides. Así, el espectador entiende de manera sugestiva. Y a menudo, con sentido del humor.

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“L’entrejambe”, de Cécile Hug

¿Cuáles son los artistas que más te han inspirado ?

Donde más inspiración he encontrado es en el Museo de Arqueología de Nápoles. Me acuerdo de una pequeña consola, situada delante de una pintura floral y cuyas patas estaban formadas por hombres en erección. El brazo tendido, la mano en la misma diagonal que el sexo. Una diciendo que no, otra diciendo que sí. Era perfecto.

No es tu primera exposición en Barcelona y en Cataluña. ¿Qué te hace volver?

Una historia de amor recíproca (o al menos, eso espero). En Cataluña hice mi primera residencia artística, y siempre vuelvo con mucha ilusión. Sabe recibirme. Su vegetación me inspira. Cada año, necesito volver a verla. Me ofreció exposiciones preciosas: en el Konvent, en Manresa, San Pere o en el Museo del Molino de Papel de Capellades. Esta carta blanca que me ha dejado Mutuo me permite compartir mi amor por Cataluña con artistas franceses queridos.

Y ser artista en París… ¿Cómo es ?

¡Demasiado lejos del mar y de Cataluña! Pero ahí he tenido y sigo teniendo bonitos encuentros artísticos. Tengo la suerte de ser casi vecina de Paul-Armand Gette. Sólo por eso, me costaría mucho dejar Paris.

¿Actualmente estás trabajando en nuevos proyectos?

¡Sí, en muchos! A finales de julio presento una obra para la próxima Bienal del papel en Cataluña. Después, empiezo una residencia artística en la escuela de Cerámica de La Bisbal. A la vuelta en Francia, me encuentro con Paul-Armand Gette, Tamina Beausoleil, Godeleine Auger y Marie Breger para la exposición «Intimentissima» en la Galerie de la Voûte. También participaré a la exposición «Anima/Animaux» en París. Y tengo cita con la universidad de Bruselas para una exposición sobre la pornografía.

Para acabar: ¿el libro que siempre tienes en la mesilla de noche? 

Por supuesto, El Rojo Y El Negro de Stendhal, libro que leo una y otra vez desde mi adolescencia. Este momento en el cual la señora de Renal ve por primera vez a Julien, detrás del portal, los ojos húmedos, la camisa bien blanca, tomándole por una chica. O esta escena, debajo del tilo, cuando le coge la mano, escena de guerra campestre. A mi que me gusta tanto las sensaciones, siempre pienso «¡Gracias señor Stendhal, ¡usted me mima tanto!». Añadiría también Sodoma y Gomorra de Marcel Proust. Por Charlus, Jupien, la flor y el abejorro.

Fotografía de portada: Clara Pagnussatt

 

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