“Gran parte de nuestra gramática emocional está diseñada para el romance y el sexo”

Si una brillante periodista feminista como Caitlin Moran —autora de “Cómo ser mujer”, con más de 400.000 ejemplares vendidos— alaba tu libro diciendo que a ella le hubiese gustado escribirlo; o si Lena Dunham —el cerebro detrás de Girls y que retrató a una nueva generación de millenials neoyorkinas— celebra tu obra considerándola un “retrato alcohólico entre almas gemelas platónicas”, es que ya eres parte de las ligas mayores de la cultura popular de estos tiempos.

Tan elogiosos comentarios van dirigidos a Animales, la segunda novela de la británica Emma Jane Unsworth, que tras publicarse en Reino Unido, Francia, Alemania, Canadá y Estados Unidos llega a España con Malpaso y alista ya una adaptación cinematográfica.

Unsworth, con un lenguaje fresco y una minuciosidad por las funciones corporales humanas, retrata la historia amical de Laura (32) y Tyler (29). Una es inglesa y la otra estadounidense. Ambas comparten un piso en Manchester y pasan sus días entre empleos precarios, divagaciones sobre el futuro, bromas privadas, drogas, familias, relaciones de pareja y resacas. Muchas resacas.

Animales - Amistad - LeCool - Unsworth
La portada del libro, ilustrada por Paula Bonet

Laura y Tyler están, casi siempre, la una para la otra. No solo se sostienen la cabeza en el lavabo y van huyendo de todo lo que suene a estabilidad. Laura tiene una novela que no logra avanzar y un novio que parece bueno, pero que en ocasiones le aburre un poco. Y Tyler es brillante, trabaja sirviendo cafés, se droga y siempre es el centro de atención. Su amistad es sólida, o es lo que ellas creen, pues Laura anda escuchando una señal de alerta que cada vez va subiendo de volumen y que grita: “¿con esta vida al líimite, estamos demasiado cerca del abismo?”.

Es fácil identificarse con actitudes y situaciones de los personajes, ¿por qué crees que una persona, de una cultura y generación distintas (como mi caso), se identifica con estas dos chicas de Manchester? ¿Hemos sido en algún momento Laura o hemos tenido una “fase Tyler”?

Me alegra que pienses eso. Creo que mucha gente ha tenido una fase Laura o una fase Tyler en su vida, un tiempo salvaje en el que fue a contracorriente, una historia de amor guarra con el lado salvaje de una ciudad… Pero espero que eso no sea necesario para disfrutar el libro. Creo que cuando reduces la historia a su esencia, más allá del alcohol, las drogas, las bromas y las funciones corporales, te das cuenta de que habla de gente que elige seguir avanzando en su vida y de gente que no. Y de cómo el punto de vista de una persona puede constituir una necesidad de movimiento, cambio y crecimiento que difiere del de la sociedad. Así que espero que esos temas sean universales. Pienso que una de las grandes alegrías de la ficción es que acabas mostrando empatía con personajes con los que no esperabas identificarte al inicio. Piensas “Yo no soy como este monstruo” y luego diez páginas más tarde le anima. Creo que el humor es la mejor manera de conectar con los personajes, si alguien te hace reír te sientes más cercano a ellos. Lo supe cuando escribía: Tyler se llevaba las mejores frases, aunque fuera la historia de Laura, pero no podía luchar contra ello. Así que, aunque Tyler es una maníaca, un lastre y a veces directamente un peligro, es encantadora y seductora y jodidamente divertida. En secreto es mi favorita.

A menudo las relaciones intensas están sexualizadas, cuando en realidad son las amistades las que pueden ser tus amores más verdaderos

Es irónico que estemos ante una coming-of-age story (novela de “crecimiento”) cuando sus protagonistas rozan la treintena. ¿Alargamos nuestra adolescencia porque hemos sido testigos de que la adultez no es demasiado esperanzadora?

Sí, creo que es exactamente eso. La gente no duda en acusar a las generaciones más jóvenes de vivir en una extensión de su adolescencia, pero en realidad es su culpa, cuando es tan difícil “crecer” como “se hacía antes”. Por ejemplo, es increíblemente difícil para los primeros compradores británicos adquirir una casa, o ganar el dinero suficiente para formar una familia. Los estudiantes acaban la universidad muy endeudados. Pero no quería hacer del libro unacrítica directa sobre la situación económica actual. Tampoco es que Laura y Tyler sean estas criaturas nobles que aprovecharían al máximo cualquier oportunidad de oro que se les presentara. Ellas preferirían salir y ponerse ciegas. Bueno, por lo menos así han pasado sus últimos diez años, como mínimo.

“Hollywood es terriblemente conservador sobre lo que permite hacer a los personajes femeninos en sus películas”

Este “llamado a sentar cabeza”, a “madurar” en el sentido de dejar de emborracharse y plantearse reproducirse, está en la voz de Jim, el novio de Laura, ¿se trata de una presión que se ejerce de manera más incisiva para las mujeres? Pienso en películas como Hangover y Trainwrek. En la primera, nunca se cuestiona que los amigos se emborrachen sin cesar mientras que en la segunda, la protagonista encuentra “la redención” dejando de beber…

Creo firmemente que es una presión más acusada para la mujer. ¿Te has dado cuenta alguna vez cómo cuando se entrevista a los actores? A las mujeres se les pregunta si quieren formar una familia, mientras que a los hombres se les pregunta cosas mucho más elevadas. Se espera que, para la mujer, su vida tendrá más valor si se convierten en esposas o madres. Y mientras tanto, los hombres tienen la libertad de tener sus crisis existenciales y cosas así.  ¡Me encantó “Trainwreck”! Me encanta Amy Schumer, es una pionera y es genial, pero me decepcionó mucho el final. Es como si su protagonista no mereciera el amor de un hombre si fuera una bebedora. Y luego se vuelve… animadora. Hollywood es terriblemente conservador sobre lo que permite hacer a los personajes femeninos en sus películas. Se aceptan las drogas legales tomadas por accidente, como en “La Boda de Mi Mejor Amiga”… La próxima primavera empezaremos a rodar la película de “Animales” y hemos hecho todo lo posible para no rebajar el tono, es decir, quitar el mal comportamiento, hacer a los personajes más simpáticos, más digeribles, más femeninos o más conformistas. Para mí, eso sería ir contra el sentido de la historia.

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Unsworth vive en Londres y es autora también de la novela “Hungry, the Stars and Everything”, recibió el premio Betty Trask de la Society of Authors

¿En algún momento sentiste este “llamado a sentar cabeza”? Hace poco fuiste madre…

No sentí que me pidieran sentar cabeza, sino una petición de cambio muy personal. Quiero vivir muchas vidas y probar muchas cosas. Conocí a un hombre del que me enamoré y sentí la necesidad de tener su hijo. A los dos nos pilló por sorpresa. Pero la vida es mejor con sorpresas, ¿verdad? Nadie quiere convertirse en predecible. Eso horrorizaría a Tyler, por supuesto. Pero bueno, Tyler tampoco aprobaría mi alocada ética de trabajo norteña. O que me guste el folk-rock con sintetizadores. Disfruto la maternidad, del todo. También disfruté el nacimiento, de manera retorcida, por su brutalidad física extrema. Mis días de fiesta no se han acabado. Una cosa no quita a la otra. No creo que haya un “tipo” de mujer que se convierte en madre, decir eso es categorizar a las mujeres, y de esas que categorizan ya tenemos suficientes. Extrañamente, antes de descubrir que estaba embarazada, escribía mucho acerca de las relaciones madre-hija. Me hacía la pregunta: ¿Puedes llegar a ser amiga de tu madre? Así que quizás algo estaba en mi subconsciente que presagiaba la maternidad. A menudo he escrito sobre algo en ficción, una ruptura, un dilema moral, y luego ha sucedido en mi vida.  ¡Maldición! Quizás no estoy tan llena de sorpresas.

“No creo que haya un “tipo” de mujer que se convierte en madre, decir eso es categorizar. Una cosa no quita a la otra”

¿Crees que la amistad femenina es distinta a otro tipo de relaciones?

En “Animales” quise explorar la amistad de tal manera que tuviera tanta credibilidad, valor e intensidad como el amor romántico. Mi principal interés son las relaciones entre mujeres, así que es eso sobre lo que suelo escribir. No estoy segura de que la amistad sea una experiencia de género. A menudo las relaciones intensas están sexualizadas, cuando en realidad son las amistades las que pueden ser tus amores más verdaderos. Quise abrir en canal un amor profundo pero también platónico. Cómo sondear esas profundidades sin recurrir al sexo fue un reto interesante, porque gran parte de nuestra gramática emocional está diseñada para el romance y el sexo.

¿Qué productos culturales (series o películas o libros) crees que reflejan mejor este tipo de relaciones entre mujeres?

“Thelma y Louise” fue una inspiración muy grande, así como “Girls” o “Cat’s Eye” de Margaret Atwood. Siento que, aunque están llegando más historias de este tipo al primer plano cultural, el problema que todavía tenemos es que la experiencia masculina es por defecto la experiencia “general” humana. La experiencia femenina es en esencia la experiencia femenina. Recientemente he leído “The Argonauts”, de Maggie Nelson, diría que mi libro preferido del 2016. Ha hecho saltar por los aires muchas cosas en mí. Me hizo pensar de manera distinta sobre el amor, el género, la lengua e incluso el hecho de cómo afrontamos esas categorías en las que nos incluyen.

***

 (Extracto de Animales)

–Define el amor –dijo Tyler dejando caer una mano sobre el antebrazo mientras encendíamos de nuevo unos cigarrillos de liar babeados.

Se había pasado los diez minutos anteriores tratando de resucitar un viejo paquete de Golden Virginia. Eran las seis de la mañana.

–Libertad auténtica –respondí.

Se quedó pensando.

–Entonces estás hablando de amor incondicional –dijo al cabo de un rato-. No del amor romántico. Del ágape en contraposición al eros.

-–¡Venga, vale! Entonces: contacto máximo con libertad máxima.

–Eso no es amor –respondió echando humo con un gruñido, a lo Popeye–. Es un anuncio de tampones.

 

Carmen Escobar escribe en Las Perdidas

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