Entrevista a Nathalie Rey

Eres arquitecta de formación, ¿cuándo decidiste dedicarte al arte?

No fue una decisión. Las cosas se hicieron poco a poco.

Quería estudiar Bellas Artes, pero mis padres no se fiaban. Al final estudié arquitectura, que en Francia es una rama de Bellas Artes. Tengo muy buenos recuerdos de la carrera y en especial del año de diplomatura en el que desarrollé un trabajo, ahora me doy cuenta, de una manera muy parecida a la de un proyecto artístico; era un proyecto urbano en una zona industrial, pero sin programa, casi una intervención estética, u orgánica mejor dicho, que presenté con fotos, pinturas, dibujos a lápiz de color, collages, maquetas en cera, etc. Ahora la práctica profesional me gustó poco. En cuanto pude, intenté hacer otra cosa.

¿Qué te hizo dejar París y venir a vivir en Barcelona?

Me mudé a Barcelona justamente para impulsar un cambio más radical, que no terminaba de dar en Paris. Al llegar, me apunté como alumna de escultura en la academia El Visor a la vez que empecé estudios de literatura. Y luego, las cosas se desencadenaron rápidamente; empecé a dar clase de escultura y pintura en El Visor, al terminar la carrera de literatura me apunté a la Massana, pero ya había empezado a trabajar en una obra personal.

Entiendo que esas etapas sucesivas fueron frutos de una decisión, pero durante mucho tiempo no ha habido detrás el proyecto de “dedicarme al arte”. He necesitado todo ese recorrido para adquirir unos conocimientos que me permitieran aprender el mundo de una forma más o menos satisfactoria (para mí). Viajar a través de la literatura, la historia o el arte me permite estar alerta, encontrar sentido a las cosas y me ayuda a vivir.

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Sin Título 1 (Fukushima) - Lápiz y acrílico sobre papel - 33 x 46 cm - 2016

 Sin Título (Fukushima) – Lápiz y acrílico sobre papel (2016)

Si tuvieras que definir tu arte en una palabra, sería…

Quizá “Correspondencias”. Pero tendría más sentido en francés porque es el título de un poema de Baudelaire, en el que el poeta teje hilos entre el mundo terrestre y el universo poético.

Sería una manera de resumir mi forma de entender el proceso artístico. La obra es solo una consecuencia. En mi caso puede cambiar de forma radical…

Recientemente presentaste tu exposición “Eternal Monsters” en Mutuo, ¿quiénes son esos monstruitos?

¡Ay! Es difícil de explicar. Los monstruos son muchas cosas a la vez. Pueden ser los miedos que llevamos dentro; toda clase de complejos, de timideces, de traumas que a veces nos impiden enfrentarnos al mundo. Pero es también el mismo mundo que no deja de ser nunca un campo de batalla, y nosotros intentando protegernos de las bombas, reales o metafóricas (más reales que metafóricas).

Muchas veces acudo al registro de la infancia porque veo paralelismos muy significativos entre los códigos específicos del universo mental de los niños, el inconsciente según lo ha llegado a definir el psicoanálisis y el proceso artístico. Así los niños tienen miedo a la oscuridad y se imaginan monstruos debajo de la cama. En la edad adulta, podemos poner nombres a los monstruos pero sin por ello dejar de tener miedo.

Te daré un ejemplo, creo que bastante llamativo, de catarsis del miedo que tiene que ver con los monstruos de mi obra. Con la guerra fría, hubo en Japón una nueva ola de psicosis alrededor del tema nuclear, en especial después de que la tripulación de un barco de pesca japonés fuera contaminada por las radiaciones de ensayos nucleares estadounidenses. El mismo año del accidente, Godzilla, el popular monstruo acuático radiactivo, apareció en las pantallas de cine y proporcionó al pueblo japonés la imagen cristalizada de sus miedos.

Mis monstruos desempeñan exactamente el mismo papel.

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“Eternal Monsters”, Mutuo (2018)26907982_1955103268087997_5467344577511981240_n

“Eternal Monsters”, Mutuo (2018)

Sueles decir que a veces hablas con ellos. ¿Y qué les cuentas?

Bueno, lo escribí una vez en el texto de presentación de una exposición ¡pero se ve que la imagen ha tenido éxito! Es una forma de hablar. La cuestión es que en mi obra cuento historias. Y uso historias. Acudo a las anécdotas, a la literatura. Y también, cuando he de explicar mi obra, suelo recurrir a pequeñas historias. Es la mejor forma que encontré para dar cuenta de la manera con la que trabajo y las preocupaciones que me habitan. Alternativamente desde vivencias personales o acontecimientos de la historia más o menos reciente, intento tejer una red de significantes que devuelva una imagen del mundo codificada pero más cercana a la fuente de sus traumas.

¿Qué siente uno al destripar peluches como lo haces en tus obras?

Somos todos un poco cirujanos en el trabajo, ¿no es así? Quiero decir que es necesaria cierta distancia, cierta tecnicidad (¡qué feo!) para no perder de vista el objetivo real y para protegernos mínimamente. No quiero que mi obra me lleve (bueno, igual un poquito), ¡quiero llevarla yo a ella! Por lo tanto, no me interesa mucho investigar las sensaciones que me pueda provocar el hecho de destripar peluches. Ahora, por supuesto que hay momentos de descontrol, pero son más bien desagradables. Como trabajo con peluches usados, a veces es fácil que me venga a la mente una imagen de niño abrazado de su peluche, en especial por el tema de los olores. ¡Son las vicisitudes del oficio!

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“Eternal Monsters” (2018)

La descomposición de elementos tan representativos de la infancia como unos peluches tiene algo oscuro, ¿es tu manera de hablar de la pérdida de inocencia cuando uno se hace mayor? 

Sí, mi obra habla de pérdida de la inocencia y el arte es ciertamente para mi una manera de atrasar un poco más el momento de esa pérdida. Pero como creo que se puede intuir por comentarios anteriores, mi propósito va más allá. O, en todo caso, hablemos de pérdida de inocencia en un sentido amplio, como la dificultad, por no decir la imposibilidad, de adecuarse al mundo.

El universo infantil que despliego en mi obra es una metáfora y también un poco una trampa. A primera vista, puede parecer amable y atractivo. Hay gente que se queda ahí – ya sabemos que el arte es poco lo que pretende el artista y mucho lo que proyecta el espectador. Pero lo más normal es que se de un paso más. Justamente porque la referencia a la infancia es tan obvia, suele remover sensaciones turbias, ya que muchas roturas se producen en ese momento tan vulnerable de la existencia. Y luego, como he dicho, a lo largo de la vida, no paramos de acumular más traumas en el intento de construirnos como individuo y sobrevivir en el mundo. Tomar consciencia de esos mecanismos puede resultar una forma de controlarlos. Y al final, mis monstruos me resultan bastante inofensivos!

¿Un artista que admiras?

Después de hablar tanto de trauma, de infancia y de psicoanálisis, ¡Louise Bourgeois!

De hecho la copié un poquito con mi serie “Monstruos eternos”, con esas jaulas llenas de bichos. Pero sólo un poquito…

¿Hay algún sitio donde te gustaría exponer en particular?

En particular, no. Me gustaría exponer también fuera de Cataluña, eso sí, para conocer a otra gente, otros lugares, otras modalidades.

Por otra parte, cuando me propongo montar una exposición, el punto de partida ha de ser la sala. El espacio expositivo es el que termina de dar coherencia a una idea de montaje que pueda tener porque mi concepto de exposición es de una experiencia inmersa, de un conjunto formal y temático que genere un universo autosuficiente, no de obras aisladas. Y hay espacios que se prestan más a este tipo de puesta en escena. Fue el caso del Konvent o de Mutuo. Me gusta mucho la nave de Espronceda. Me encanta la galería Taché. Es el tipo de espacios que me inspiran…

Cuéntanos tus planes de futuro, ¿algún proyecto en marcha?

Estoy metida en dos proyectos muy guapos.

El primero, ya en marcha, es una colaboración con la Escuela Montserrat Sòla de Mataró. Durante este trimestre, los alumnos de 4º están desarrollando un proyecto a partir de mi obra de peluches. A finales de mayo, haré con ellos un taller de destripe de peluches, que desembocará luego en una residencia en el centro de arte de Roca Umbert, en la que los niños participarán también.

El otro proyecto es la primera edición del festival de arte contemporáneo de Viladecans que organiza José Luis Tercero y que tendrá lugar a finales de septiembre. Participo con una obra en la vía pública. Hace meses que estoy con la fabricación y espero llegar a tiempo porque nunca he hecho algo tan grande. Se trata de una jaula llena de bichos de cerámica en forma de pequeños dinosaurios, en referencia al yacimiento de mamuts que pertenece a la ciudad.

https://www.nathalierey.com/

 

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