“Maneja tus finanzas y deja de sobrevivir. Entonces tendrás una vida”

Hace unos meses recibí el correo electrónico de una amiga: “Tienes que conocer a Juan Naranjo, un coach financiero que es la bomba”. Yo al principio tuve mis suspicacias; siempre las tengo cuando la palabra “finanzas” está de por medio. Pero cuando supe que Juan estaba preparando una colección de ebooks sobre “Cómo funciona tu dinero”, decidí reunirme con él para charlar.

“Treinta minutos”, pensé. Pero fueron cuatro horas intensas en las que me di cuenta de cuántas cosas atraviesan nuestra relación con el dinero (el miedo, el estrés… o la astucia de los bancos).  Y, sobre todo, cuánto malestar nos genera. Esta entrevista es una pequeña muestra de lo que –según un experto- escondemos tras la cartera. Y de cómo nuestro desconocimiento puede remediarse y hacer que llevemos una vida más satisfactoria y feliz.

¿Cuento de hadas? La buena noticia es que no.

Cuando nos cortamos un dedo nos ponemos una tirita en la herida, pero cuando nuestro cuerpo sufre algo más serio, no dudamos en ir al hospital. Con nuestras finanzas ocurre lo mismo, la diferencia es que aunque tengamos un tajo que nos recorra toda la espalda, seguimos aplicando el mismo remedio: una humilde tirita. El resultado, naturalmente, es fatal. Pero no acertamos a cambiar; no entendemos lo que ocurre. No somos conscientes de que nuestra situación financiera está en carne viva.

Esto es lo que postula Juan Naranjo, el coach financiero que para poner freno al desconocimiento, quiere explicar las finanzas de un modo sencillo: en sus sesiones y a través de la colección de ebooks “Cómo funciona tu dinero”, que estrena ahora con el libro ¿Sabes cómo funciona tu dinero? Allí, el experto da soluciones concretas a cada problema financiero (llegar a fin de mes, proyectar gastos en el futuro sin endeudarse, asegurarse ingresos para la jubilación, etc.). “Soluciones con-cre-tas”, dice el coach, “sin rodeos. En realidad para llevar bien las finanzas personales no es necesario grandes operaciones ni ser un ingeniero de la Nasa. No es complicado. Y no tiene por qué estar reservado a las élites”.

El ahorro, la deuda, la inversión y el emprendimiento son cuatro de los ejes sobre los que trabaja Juan. Son temas en los que lleva buceando más de 25 años como experto financiero, y sobre los que asesora como coach para dar a sus clientes “respuestas creativas, eficaces y breves en el tiempo”. Cómo ahorrar, cuál es el mejor banco para mí, cómo monetizar mi talento.  Cuánto vale mi hora de trabajo.

El ahorro, la deuda, la inversión y el emprendimiento son los cuatro ejes sobre los que Juan trabaja desde hace más de 25 años

—Sobre educación financiera hay mucha basura en Internet. Paso 1, gasta menos. Paso dos…. O bien: Si te levantas por la mañana y miras fijamente al sol…”. Eso no sirve de nada— dice Juan, que el día de la entrevista lleva un traje gris, chaleco, camisa azul y corbata a rayas: encarna el estereotipo del banquero perfecto. Y hasta las paredes del bar donde estamos, color naranja como el banco aquél, parecen ser su único escenario posible.

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En la charla, Juan usa decenas de metáforas que ayudan a entender, y uno sintoniza con sus protagonistas porque en el fondo, todos los llevamos dentro.

Está, por ejemplo, la madre de familia que revienta las tarjetas de crédito, pasa las noches en blanco y se le va la vida entre angustias; el emprendedor emocionado que, para no “gastar”, hace cuarenta cursos sobre redes sociales y pierde su precioso tiempo; o el diseñador gráfico que posterga la compra de un nuevo ordenador porque no ve allí inversión ni ganancias futuras, sino puro agujero negro. Está el que invierte en ladrillo, como el abuelo, para vivir tranquilamente de rentas: el que carga contra el gobierno porque “nos está dejando un país de mierda”; o el que, en el fondo, piensa que ser pobre es ser buena persona.

Juan los caricaturiza y los disecciona con tanta gracia –lejos de su imagen formal -, que casi ni te das cuenta cuando llega el momento de las preguntas incómodas.  Las preguntas que tú, adulto y dueño de tu vida, no sabes cómo responder: ¿Cuánto gastas en ocio cada mes? ¿Cuánto dinero vas a destinar a tus próximas vacaciones? ¿Qué tanto por ciento de tu salario se lleva el banco o la tarjeta de crédito? Argumento tras argumento, el coach te va poniendo alegremente entre la espada y la pared, hasta obtener de ti lo inevitable. Dos palabras: “No sé”.

“La mayoría no se da cuenta, pero entre el 30 y el 40% de los gastos mensuales van destinados a pagar los préstamos y las tarjetas del banco”

En ese momento él sonríe, como si fueras su gatito, su hijo, una abuelita. Y empieza por el principio:

—La gente alucina cuando se da cuenta de que está pagando un 30 o un 40% de sus gastos mensuales en préstamos y tarjetas de crédito.

—¿Tanto?

—Sí. Es que hay una facilidad absoluta para endeudarse. Cuando no había crédito, lo que hacían tus abuelos era ahorrar, ahorrar y ahorrar, y después se compraban el coche. Ahora, puedes hacerlo si ganas 150 euros al mes, con una deuda del copón, pero puedes hacerlo. Es “yo lo quiero, yo lo compro, yo me endeudo”. Hay una inmediatez en quererlo todo ya, sin programar ni planificar. El latino es así, somos temperamentales.

—¿Y cuál es la alternativa?

—Tomar conciencia. Saber cuánto puedes gastarte del ingreso que tienes. Generar orden. “Es que yo no puedo ahorrar”, dicen algunos, y eso es una falacia de narices. Las estadísticas dicen que puedes ahorrar el 20% de tus ingresos, aunque seas un mileurista. El problema es dónde destinas el dinero que cobras… normalmente a mucha basura. Lo que ocurre es que tenemos una insatisfacción tan enorme con el trabajo, vivimos en tal estado de estrés, generando tanto cortisol, que nos volvemos unos egocéntricos y unos egoístas. Entonces trabajas sin parar, sin descanso, para cobrar un sueldo ridículo que te gastas para tener alguna alegría en tu vida mediocre. Y eso es lo único que haces en tu vida, es un bucle… Perdona que sea tan expresivo.

Juan maneja las palabras a la perfección. Es coach y, como la mayoría en su sector, usa la técnica del PNL (programación neurolingüística). Pero en su caso, además, sabe alternar con maestría, digámoslo así, el drama y la comedia: mientras el contenido se te clava en el corazón, su tono te hace temblar de la risa.

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Y en la esencia de su discurso, Juan plantea que el ahorro es imprescindible porque debemos estar preparados para cualquier eventualidad.  Ahorrar para el futuro, para un proyecto o para cumplir una ilusión. E invertir el dinero, moverlo, que fluya (“no sabes la cantidad de gente que tiene cuentas repletas, inmóviles, que guardan con miedo por si acaso. ¡El 85% del dinero que tenemos de este país está en cuentas no remuneradas!”).

“¿No te gusta tu trabajo? ¿Cobras poco? ¿Tienes miedo porque no sabes qué será de ti cuando seas mayor? ¡Entonces haz algo nuevo!”

Si no hay ahorro, tarde o temprano será inevitable caer en la deuda. Cuando no es una hipoteca es un préstamo, cuando no, una tarjeta. Y a partir de allí hay una espiral de escasez. Con el agua al cuello, nuestra capacidad de ahorro la usaremos para generar beneficios al banco y no para fortalecer nuestras propias finanzas y generar riqueza.

—Hay que tener en cuenta cómo funciona el dinero y quién es el mediador. Si vas a un banco a hacer un depósito de 20.000 euros, el interés que obtendrás será del 1%. Mientras que si un emprendedor va a pedir 20.000 euros, le cobrarán el 8%. Por trasladar el dinero de un lugar a otro el banco ha ganado ocho veces más. Es una empresa, es normal que busque el beneficio. Pero debemos recordarlo cuando, como cliente, recibamos el consejo de que, “el mejor producto es un depósito”. No hay que olvidarlo: de cada 100 euros que tú pones tu dinero en el banco, te pagan 0,10 céntimos, pero que si tú pides 100 euros en tarjeta, pagas 28 de media. Es su negocio.

—¿Para ahorrar es también importante elegir cuál es el banco que más me conviene?

—Eso es lo de menos. La cuestión es cuánto te cuesta lo que quieres. Nadie lo sabe. Quieres darte una vuelta al mundo dentro de 5 años. ¿Cuánto necesitas? Bueeeno, poco. “Poco” no es una cifra. Bueeeno, es que iré por Asia y allí todo es muy barato… Vale, barato, pero ¿cuánto? Nadie sabe cuánto cuesta lo que quiere.

 

***

—¿Para ti qué es el fracaso? — pregunta ahora él.

—No cumplir con el objetivo— respondo.

—Perdona, pero eso es una gilipollez. Un fracaso es cuando no hay alternativa. Y eso solo ocurre con la muerte, que es inevitable. El resto son errores que se arreglan con la ayuda de recursos.

Juan es así. Tiene una respuesta para todo. Es como una máquina de dar soluciones contra la cual uno no puede luchar. Te dice que hay inversiones más rentables que las del sector inmobiliario, que solemos ser buenos profesionales pero malos empresarios, o que se puede ahorrar y seguir gastando sin problemas.

Pero, sobre todo, Juan te obliga a mirar hacia adentro. Quiere que expongas las excusas que tienes en la recámara y que usas para no atreverte a cambiar. Luego él las derriba de un plumazo para que compruebes que sólo son miedos y no hay alternativa: “¡tienes que triunfar!”.

En ese ping pong arrollador, también está –por suerte- su mirada apacible (detrás de su imagen impoluta y sus gafas negras de montura cuadrada). Es lo que suaviza el impacto al descubrir, que, en realidad, no hay ningún límite.

Y entonces, te pide dejar atrás todos los lastres.

Los ricos son unos cabrones. Fuera.

Ropa vieja en el armario. Fuera.

No tengo tiempo. Fuera.

Echarle la culpa al otro (a mi familia, al estado, a mi jefe). Fuera.

 

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“Hay que hacer espacio para lo nuevo. La mayoría de nosotros vivimos mirando hacia el pasado, y eso es como conducir con la cabeza hacia atrás. Y así no avanzas, te bloqueas: ¡mira hacia adelante!”.

***

El dinero, sí. Juan es un experto en el dinero. Lo decidió cuando tenía 16 años y sintió que por primera vez le faltaba: era mediados de los años setenta y su padre, un pequeño empresario ebanista, no pudo evitar irse a la quiebra.

—Aun recuerdo el día en que vi llegar por la ventana al trabajador del banco. Tocaba la puerta con insistencia para reclamar las cuotas impagadas de la hipoteca— dice el coach en la entrevista.

Y ahora, después de 25 años de transitar un sinfín de caminos y recovecos financieros, Juan se propone tirar del hilo del dinero. Quiere que las personas descubran que –con conciencia, con orden, con endorfinas- son capaces de diseñar su futuro y volar.

“No te gusta tu trabajo, cobras poco, tienes miedo porque no sabes qué será de ti cuando seas mayor. ¿Cómo vamos a cambiar la situación si no hacemos algo nuevo?  ¡Generamos entre 50.000 y 60.000 pensamientos diarios, y cada día repetimos el 95%! Sé creativo, deja de sobrevivir de una vez por todas. Y entonces, al fin, tendrás una vida”.

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