Entrevista a Linden Pride (Caffe Dante)

Como ya os contábamos anteriormente, hasta el 16 de diciembre Seagram’s nos acerca un trocito de Nueva York a Barcelona. Uno de los puntos más fuertes y deseados de la experiencia de Seagram’s en The Corner Hotel es que podemos disfrutar del auténtico Caffe Dante y sus exquisitos cócteles. Más que una coctelería, el Caffe Dante es una institución, especialmente para el gremio italoamericano residente en la Gran Manzana. Nacido en 1915, ha conseguido mantener su esencia en tiempos cambiantes. Creatividad y sabor se dan la mano en un bar por el que han pasado artistas de la talla de Alec Baldwin, Whoopi Goldberg o Al Pacino. Si se te está haciendo la boca agua mientras piensas en sus cócteles, reserva una noche especial en tu agenda y haz una visita a The Corner Hotel. Aquí te dejamos la carta para que vayas decidiendo qué quieres probar. Mientras tanto, conversamos Linden Pride, co-propietario desde hace tres años del Caffe Dante:

¡Hola, Linden! ¿Cómo empezó tu andadura con Dante?
Hace unos años, Dante había cerrado sus puertas y no estaba en el mercado. Pero esperamos pacientemente nuestra oportunidad. Una vez hecha la compra, pasamos seis meses trabajando mano a mano junto con los antiguos dueños, para asegurarnos el éxito y fidelizar al público, tranquilizándolo con la idea de que Dante iba a seguir siendo el mismo de siempre.

¿Qué ingrediente considera que convierte un buen cóctel en excelente?
No es un asunto muy misterioso… Simplemente se trata de trabajar con productos de primera calidad. Y, sobre todo, muy frescos. Por ejemplo, en otros sitios te servirán el Garibaldi (Campari con zumo de naranja) con jugo exprimido horas antes o, mucho peor aún, de botella. Nosotros no, nunca. Nosotros hacemos el zumo en el mismo momento. Siempre buscamos elevar la calidad.

El Caffe Dante abrió sus puertas en 1915, ¿cuál diría que es el secreto de su longevidad?
Lo resumiría en una palabra: hospitalidad. Siempre hemos percibido a Nueva York como una ciudad algo fría, fragmentada en individuos siempre apresurados, donde es difícil crear un vínculo y un sentimiento de comunidad, es decir, es complicado sentirse seguro y tranquilo en un espacio. En Dante desde siempre nos propusimos combatir la inevitable distancia que experimenta un nuevo cliente (lo que, por otra parte, me parece lo más complicado de la hostelería). En Dante trabajamos para que nuestro público se siente como en casa.

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En España usamos la expresión “comer con los ojos” al referirnos a platos que nos llaman especialmente la atención por su aspecto. En sus cócteles vemos que es de gran importancia lo visual, como si también se pudieran “beber con los ojos”. ¿Crees que es importante cuidar al detalle la apariencia del bar y de los cócteles?
Sí, creo que es muy relevante. De hecho, el Caffe Dante cuenta con grandes ventanales, para que entre la luz en el bar y todo sea muy luminoso, preparamos cócteles con brillo propio. Esto es una forma de luchar contra la antigua creencia de que los bares debían ser algo recóndito, algo oscuro… Era la tendencia antigua que había en Nueva York. Nosotros sacamos los cócteles a la luz, los naturalizamos. Además, sabemos que es muy importante lo visual porque hoy en día, la gente antes de beber su copa le hace una foto y la sube a Instagram. Es muy relevante la repercusión de las redes sociales para que la gente se anime a entrar en un sitio u otro.

Y, teniendo en cuenta la amplia trayectoria de Dante, ¿cuál cree que ha sido su mayor reto?
Quizá fue el comienzo, los primeros seis meses de adaptación, dado que la clientela habitual quería conservar su lugar de referencia tal y como lo había conocido. Cosa que creo que conseguimos, y menos mal, porque al principio la gente de Nueva York, que es muy directa, venía para odiarnos (risas).

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¿Crees que cada cóctel va unido a un tipo de personalidad? Y, en ese caso, ¿qué cóctel le prepararías a Scorsese?
Más que una cuestión de personalidad, se trata de una cuestión de paladar. Tiene que ver con cómo hayas educado o acostumbrado a tu gusto a lo largo de los años. Por ejemplo, ¡a Scorsese le encanta el carajillo!

Gracias, Linden. ¡Brindemos a tu salud y por muchos años más del Caffe Dante!

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