
Si le preguntas a los músicos de rock, jazz y clásica que conforman el M.I.S. te dirán que son algo así como un colectivo de vanguardia en el que la improvisación inducida es el as de corazones. Su director es quien va estableciendo determinados signos, santos, señas. Y los músicos van haciendo a través de esa interacción con él, o entre ellos, bajo preceptos básicos -presuponemos- en la creación: libertad, juego, expresión musical genuina, sin artificios. Pero la partida no sólo se juega entre ellos, la participación del público es importante, genera significantes. En esta ocasión, y dentro de la programación del Festival Grec, está presente el movimiento: Sol Picó y Vero Cendonya son las bailarinas de contemporánea invitadas a esta fiesta de la música avanzada -¿qué Sònar?- en Hiroshima. Baterías -Mercè Ros-, violonchelo -Julia Pérez,-, violín eléctrico -Adele Madau-, contrabajo -Maribel Rivero-, piano -Montse Massaguer- o saxos -Mireia Tejero, Luis Vallés- al son de la batuta de David G. Aparicio. Solo induciendo, y con maestros como John Zorn, John Cage, Walter Thomson o Frank Zappa en mente, para guiarlos por ondas sonoras. El vértigo, lo que está por escribirse, tocarse. Pero qué bien.