Sueños y secretos de… Maria Herreros

Maria Herreros ríe mucho, habla a la velocidad del rayo y dibuja muy bien. Pero, claro, sólo uno de estos tres rasgos la está convirtiendo en una de las ilustradoras con más potencial del momento. Hace cosas como esta y esta otra. También ha publicado el libro «Negro viuda rojo puta» y ha ilustrado la cubierta de la antología «Enjambre». La semana pasada inauguró su expo «Ser barroca hoy» en Holy Hole y aprovechamos la ocasión para decirle hola.

Cuéntanos, ¿cómo es eso de ser barroca hoy?
Muy duro, porque se lleva mucho la imagen cuqui y sencilla donde todo casa con todo. Y no. Así que de repente vi el espacio Holy Hole, así súper barroco y underground, y me pareció ideal para dar salida a obra bizarra de temas que me apasionan pero que no tienen otro nexo en común, donde puedo ponerte un retrato de Kennedy y otro de un personaje de Twin Peaks. Por eso les escribí, porque me parece que mi obra encaja muy bien aquí.
¿Estás de acuerdo con eso de que resaltas los defectos de tus modelos?
Sí, estoy de acuerdo en que resalto lo que la gente llama defectos, pero eso para mí es lo guay. Unas cejas súper pobladas, la cara llena de pecas, una arruga en la barbilla que parece un segundo culo… a mí eso me encanta. Hoy día parece que se estandariza la belleza, y yo no entro en eso: a mí me parece belleza lo diferente, eso que otros llaman defecto pero que, para mí, no lo es.
Cuando Gallardón se lució con la ley del aborto recuerdo que sacaste una camiseta que se hizo bastante viral en las redes. ¿Cómo fue aquello?
Fue una cosa súper rara porque yo estaba en Jerez cuando surgió todo aquello y justo coincidió con que me dolían un montón los ovarios. Y pensé: esto que me está doliendo a mí tanto internamente, que son mis vísceras, ¿me vas a decir tú que hacer con ello? Y entonces hice el dibujo y, como no estaba en mi estudio, le hice una foto con el móvil y lo subí a Instagram. Y eso voló como la pólvora. Me llamó una amiga y me dijo: «oye, ¿esto es tuyo? Está corriendo por Internet». Y entonces me contactaron para hacer camisetas: una chica donaba el estudio de serigrafía y yo el dibujo, y se vendía con el único coste de la tinta y la camiseta. Fue curioso porque no era una ilustración con mi estándar de calidad, ni siquiera tenía un papel apropiado, pero el mensaje estaba bien dirigido y la frase era potente.
Pregunta obvia: ¿cuáles son tus referencias?
Me gusta mucho Alex Katz, que es un tío que retrata muy bien el lifestyle: con sólo unos pocos elementos como unas gafas de sol, un cuello o una gabardina, te habla de la vida de esa persona. Trabaja con puntos simbólicos, y eso me gusta mucho. Hablar de ti a través de lo que está a tu alrededor. Alex Katz es un maestro en eso.
¿Qué os dan en Valencia para que no dejen de salir ilustradores?
¡No lo sé! Mi percepción es que sí, que salen muchos ilustradores. Cuando haces ilustración en Valencia tienes que estar dispuesto a moverte mucho, porque tener tu estudio en allí es guay pero necesitas moverte si quieres currar con agencias, empresas, publicidad… y cuando empiezas a moverte, vuelves a Valencia y te das cuenta de que en realidad tiene un ambiente lento, como isleño. Todo es muy laxo. Es un ambiente genial para trabajar aislada: el clima es una pasada, es tranquilo… ¡como una isla, tío! Pero, claro, allí no se cuece tanto como en otros sitios.
¿Está viviendo la ilustración una era de oro?
En mi modesto análisis, creo que ha sido porque ha bajado el poder adquisitivo de algunos coleccionistas que antes compraban pintura u obra más cara y que ahora se están acercando a la ilustración. Supuestamente la ilustración no es «arte», sino un arte-oficio que sirve a la necesidad de ilustrar una idea, tema, artículo o texto. Pero hoy día los ilustradores están haciendo también obra artística, que los puristas se empeñan en llamar dibujo… en fin, ya ves que el tema es peliagudo.
Si no hubieras sido ilustradora, ¿qué te habría gustado ser?
En realidad siempre quise ser artista: de niña firmaba mis obras como Mariaso, que era una mezcla entre Maria y Picasso. Era mi vocación. En las pruebas de acceso a la universidad había que marcar a qué carrera querías ir y añadir dos alternativas, ¿no? Pues yo puse Bellas Artes, Bellas Artes y Bellas Artes. Pero bueno, aparte siempre me ha interesado la psicología. De pequeña quería estudiar ciencias del comportamiento, que es una carrera que yo me inventé. Creo que el tema de retratar me viene de ahí. Un día el psicólogo del instituto me dijo que yo tenía un problema de empatía. Demasiada empatía. Percibo demasiado los sentimientos de los demás. Ejemplo: nos estamos comiendo un plato de bravas y nos dejamos la última porque está requemada y seca. Pues yo me la tengo que comer porque me da pena. Me da pena la patata brava.
¿Eres demasiado buena?
¡No! Es un exceso de empatía, no quiere decir que sea mejor ni peor. Como cuando de niña me iba a dormir y quitaba los peluches de la cama: si uno se quedaba boca abajo pensaba que estaba sufriendo y hasta que no me levantaba para darle la vuelta no podía dormir. Creo que eso me ha ayudado mucho a la hora de hacer retratos.
Maria, ¿nos cuentas un sueño?
Es súper nacional, pero me encantaría hacer un póster de una peli de Almodóvar.
¿Y un secreto?
Todos los veranos me depilo una pierna a la cera y la otra me la afeito.
¿Por qué?
¡Porque no me da tiempo! Igual que a veces me pinto las uñas de una mano y de la otra no. Es que tengo déficit de atención, ¿sabes?

Entrevista: Samuel Valiente
Foto: Miquel Pardo Sabrià