
Dan Keeling, cofundador de la revista y restaurante Noble Rot, llega con ¿Quién teme a Romanée-Conti? para recordarnos algo que a veces olvidamos: el vino no tiene por qué ser un territorio exclusivo para eruditos, ni un club selecto donde solo caben quienes pueden pagar botellas imposibles. Su libro es, ante todo, una invitación a entrar sin miedo en ese mundo, con la promesa de que se puede aprender, disfrutar y emocionarse sin necesidad de recitar de memoria todas las añadas de Borgoña. Una de las cosas más disfrutables es cómo Keeling combina las grandes leyendas vinícolas —entre ellas la mítica Romanée-Conti, que da título al libro— con productores más humildes o regiones que suelen pasar desapercibidas. Salta de Borgoña a Tenerife, del Jura a zonas inglesas emergentes, siempre con curiosidad y sin pedantería. Y, sobre todo, con la idea de que la magia del vino no está solo en los nombres famosos, sino en la capacidad de cada lugar para expresarse en una botella.
El libro tiene capítulos cortos que funcionan casi como pequeñas historias independientes. Puedes leer uno antes de dormir, otro mientras esperas al bus, otro con una copa en la mano. Cada fragmento deja algo: un consejo para comprar mejor, una reflexión sobre cómo el suelo cambia el sabor, una crónica de una cata memorable o simplemente un retrato divertido de un viticultor excéntrico. Es un formato muy agradecido para quienes quieren aprender sin sentirse en una clase teórica. Una de las mayores virtudes del mismo es su capacidad para desmontar el elitismo sin condenarlo. Keeling no ridiculiza a quienes pagan miles de euros por una botella, pero tampoco los venera. Más bien, los observa con empatía, consciente de que detrás de cada compra hay una historia de búsqueda: de pertenencia, de distinción, de trascendencia sensorial.
En resumidas cuentas: no es un tratado, es una playlist. Lo lees, bebes (mejor con una copa a mano) y terminas con ganas de huir al mundo con una mochila llena de corchos. O, como dice él, “beber bien no es beber caro; es beber con ganas de contarlo”.
