
Elogio de la filosofía, by Alain Badiou
En Elogio de la filosofía, Badiou presenta una serie de diálogos entre interlocutores de diferentes orígenes (filósofos, poetas, científicos y activistas) reunidos durante siete días bajo la guía de Tóceras —anagrama de Sócrates—. Esta estructura dramatúrgica recupera el método socrático como forma colectiva de búsqueda de la verdad mediante la palabra y el razonamiento compartido, no como imposición sino como apertura discursiva.
El pensamiento de Badiou vincula esta práctica que contempla o que propicia la posibilidad de discusión, con la libertad de expresión, entendida no como simple derecho individual sino como condición de existencia de la filosofía misma. Para él, la verdad sólo puede surgir en un espacio donde el lenguaje sea libre, donde las ideas puedan confrontarse sin coerción y el discurso mantenga su carácter público y razonado. El libro proclama la libertad de expresión, el discurso democrático y un horizonte de universalidad compartible por cualquier sujeto.
Badiou sitúa el método socrático en el centro de un proyecto ético y político: sólo donde existe diálogo, puede haber libertad; y sólo en libertad, puede haber verdad filosófica.

Mandala Princesa de las tinieblas, by Hideshi Hino
Hideshi Hino es aclamado como el maestro de lo macabro en una sociedad donde todo tipo cosas depravadas y repugnantes ocurren en los libros de manga cada día: larvas que mastican, ciempiés sensuales, suciedad, fetos gimiendo, bolsas de cadáveres devoradas por gusanos, pollos sin cabeza, niñas con sed de sangre fetichista…. el estilo japonés.
Esta vez, la historia se sitúa en una escuela primaria japonesa donde Sayoko, una nueva alumna en apariencia tímida y solitaria, tiene un origen sobrenatural: es la hija del Rey del Infierno. Su aspecto extraño (posee un ojo de cuarzo y costumbres inquietantes) desata tanto curiosidad como temor entre sus compañeros. Mandala, Princesa de las tinieblas es una historia cerrada de seis capítulos en la que conoceremos a una niña maldita condenada a buscar un objeto místico por toda la eternidad. Ofrece una visión de la vida escolar de la década de los ochenta en Japón. Sus juegos, sus tradiciones y demás se ven reflejadas a través de los ojos de Sayoko, la niña en la que se centra el relato. Un reflejo fiel de que lo que debería ser y lo que realmente es no siempre tiene que cumplirse si un capricho del destino se pone por delante. El autor prefiere dirigir la narrativa hacia rutas más perturbadoras, creando escenarios incómodos para los infortunados que se topan con Sayoko. Esto desata el juego propuesto por el autor.

Hoy, by Agustina Guerrero
La novela gráfica contemporánea ha experimentado en las últimas décadas una redefinición de sus límites narrativos y estéticos. En este marco se inscribe la obra Hoy (Lumen, 2025) de Agustina Guerrero, un texto gráfico que transgrede los convencionalismos del género autobiográfico y propone una exploración filosófica de la cotidianidad y el tiempo presente. En Hoy, Barcelona no es mero espacio geográfico, sino territorio simbólico de reconstrucción identitaria y afectiva. La ciudad es recuperada desde sus márgenes y barrios menos representados, lejos de la postal turística, y convertida en refugio para el ejercicio de la atención plena.
La estructura cromática funciona como metáfora visual del estado emocional de la protagonista: azul para el vértigo mental, rosa y rojo como indicios de pausa, gozo y renovación. Las páginas combinan viñetas realistas, uso expresivo del espacio en blanco y composiciones que favorecen el detenimiento contemplativo: un tono más reflexivo y maduro, cercano a la poética urbana.. Guerrero aporta, además, un enfoque de género relevante: visibiliza la doble carga doméstica y profesional de la protagonista y revaloriza formas de autocuidado (la jardinería, la creatividad sin finalidad productiva) como alternativas al estrés y la alienación digital.
Hoy configura una invitación al lector para reflexionar sobre el papel de la novela gráfica en la rearticulación de la experiencia urbana, la representación de la subjetividad en crisis y la vigencia de lo cotidiano como espacio de resistencia estética y vital. Guerrero reivindica el acto de “cerrar todo y salir a mirar el mundo”, transformando la cotidianidad en territorio de sentido y belleza, y situando su obra en el centro de las discusiones actuales sobre literatura gráfica, memoria y tiempo.
