Gay, radicalmente feminista, avanzado a su tiempo, afilado retratista de una España descarnada y, sobre todo, inmortal. Lorca vuelve y lo hace en forma de poema: lleno de ritmo y de musicalidad -con composiciones originales de Joan Garriga y música en directo-. Clásico entre clásicos, lorquiano hasta el tuétano, el texto bebe de símbolos antiguos, tragedias arraigadas y sangre. Elementos que nutren la adaptación de este texto donde la tradición -y la ruptura de ésta-, desatan los instintos de unos personajes cegados por leyes no escritas e impulsos incontenibles. Un torrente de acontecimientos justificados sobre razones primitivas y pasionales como son el amor, los celos y los inevitables sentimientos de violencia, honor y venganza. La muerte y también el romance planean sobre una historia ‘clásica’ insuflada por el pulso de un autor legendario. Alrededor de los dos amantes se van desencadenando las circunstancias, marcadas por las entradas y salidas de unos personajes fuertes, duros y adustos, habitantes de un paisaje brutal hecho de cal y de sangre.
Un plantel de intérpretes excepcionales, donde destacan Clara Segura y Nora Navas, dando vida a un montaje coral donde la música tiene un especial protagonismo. Para potenciar todo el simbolismo de la obra, el elenco de actores se completa con un imponente ejemplar de caballo español montado por la actriz Montse Vellvehí. Destacamos la voluntad del director por señalar a Lorca como un autor rompedor; en palabras de Ivan Benet: “Lorca era un autor feminista que se avanza a su tiempo. En esta obra de 1933 da voz a mujeres que entonces no podían hablar, como nuestras abuelas o bisabuelas”. Un clásico imprescindible de un autor absoluto, y una muy recomendada adaptación.
//fotografía de Pili Redondo
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