En las parejas creativas, por motivos que se nos escapan -y que son precisamente la base del arte-, 2 más 2 no son 4. Unir dos talentos excepcionales no da siempre como resultado una cosa doblemente excepcional, porque hay tantas variables que interceden en el proceso que uno nunca puede saber lo que saldrá de ello. Y eso, más o menos, es lo que ha pasado con David Byrne y St. Vincent. El destino, la vida, el azar les unió. Ella, diva del indie contemporáneo con pelotas (todavía se recuerda su stage diving durante el último concierto que dio en la sala Apolo de Barcelona) con tres discos impecables que aúnan garra y sensibilidad. Él, joder, líder de los putos Talking Heads, y mente creativamente inquieta siempre. El resultado de dicho encuentro vio la luz el año pasado bajo el nombre “Love This Giant”, y sinceramente no cumplió con las expectativas. Era un disco en general bueno, con algunas canciones muy buenas, pero se quedó en el 3 y no en el 4 esperado. Esa lógica, sin embargo, se anula cuando se trata del directo: ver a St. Vincent y David Byrne en un mismo escenario es algo tan irrepetible que no hay que dejarlo escapar. Aunque vinieran a cantar copla sería imperdonable perderse esto.
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