Explicar el encanto de Delorean en unas líneas es un reto. El directo de estos guipuzcoanos encierra un sinfín de momentos inolvidables y unos temazos directos a la selección más brillante de tu memoria. Lo hacen sin artificios, grandes luces ni fastos. Suplen con creces esa bendita carencia con un pop electrónico, melodías pegadizas, mucha honestidad y el hipnótico baile de Unai Lazcano al ritmo de sus teclados. Tablas les sobran para seducir. Les hemos visto mudarse de Euskadi a Barna y del punk a la electrónica. Pero no importa en qué momento te los encuentres ni el número de discos que tengan a las espaldas cuando comienza el concierto. Allí, en penumbra, se mezclan viejos himnos con vanguardia y nuevos temas. Y quien sabe cómo, lo vuelven a hacer. Una comunión mágica se produce. Público y banda vuelven a ser uno. Una comunión cuya eucaristía se produce mediante ostias musicales que no se desvanecen al paso de los años.
Llega el momento de despedirse, por todo lo alto eso sí, así que lo que viviremos en Apolo este viernes será sin lugar a dudas uno de esos conciertos que quedan resonando en la memoria. No faltes. // By David Arias
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