En 2012 hubo peliculones para parar un carro y, prueba de ello es la película que proyectan este martes: Django Unchained, el experimento de Quentin Tarantino, quien se atrevió a probar suerte con ese género que nuestros padres se gastaron de tanto amarlo el siglo pasado y que, ahora, goza de una relevancia apenas anecdótica. ¿Y cuál fue el resultado de semejante incursión? Pues, sencillamente, la tarantanización -si se me permite el neologismo- del western, es decir: oro.
Un filme original, divertido, exquisitamente rodado y con interpretaciones de lujo, desde el siempre solvente Christoph Waltz hasta el colosal Leonardo DiCaprio, cuyo papel nos descubrió lo bien que le encaja al actor la altivez y la soberbia, rasgos que -no por casualidad- marcan en buena medida sus dos siguientes papeles en El gran Gatsby y El lobo de Wall Street. Y sí, ha recibido algunas críticas negativas, algo inevitable cuando de innovar se trata, pero eso no quita que sea un must en mayúsculas. Un MUST, vamos. ¡Así que todos al Phenomena!
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