No tenía oído a Frank Turner hasta que supe que venía a tocar a Barcelona. Entonces lo escuché. Y desde ese día su último disco, “Tape Deck Heart”, suena prácticamente en bucle en mis altavoces. Porque el efecto Frank Turner es rápido: sus canciones te atrapan en seguida por potentes, vivas y pegadizas. Sí, pegadizas, algo que parece haberse vuelto casi un pecado capital, veneno para hipsters. Sus canciones tienen ESTRIBILLOS, y esos estribillos son PEGADIZOS. ¡Buh! Pero tampoco pensemos ahora que el bueno de Frank -hardcoreta y straight edge de pro, a todo esto- es un vendido: ofrece unos temas aptos para -casi- todo tipo de oídos, pero sin caer en el pop-rock estándar, jugando con el folk y el punk. Auténticos himnos como “Recovery” o la explosiva “Four Simple Words”. Vamos, que no me quiero ni imaginar cómo sonará este viernes en la Bikini.
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