
Hace once años, Jaime Rosales saltó a la palestra con una ópera prima formidable. “Las horas del día” encandiló a la crítica y colocó al cineasta en la lista de directores prometedores a tener en cuenta. Su segundo film no decepcionó ni un ápice, el tercero generó controversia a base de bien y el cuarto sirvió para reafirmar un estilo propio. Hasta hace nada el cine de Rosales podría haber sido catalogado de exclusivo: sus obras seguían unas formas completamente diferentes a las habituales. Su ritmo, su mirada, su manera de entender los diálogos y su todo eran la antítesis de lo convencional. Con “Hermosa juventud”, el director da un paso más allá y, sin perder su carácter, se abre a un público más amplio. El retrato de dos jóvenes enamorados que viven sin rumbo ni ideales en una España víctima de la crisis es simplemente brillante. La semana pasada, la crítica de Cannes caía rendida a los pies del realizador catalán. No será la única en dejarse hipnotizar por la película.