
El título del nuevo libro de Questlove, Hip hop es historia, tiene un doble significado. El baterista y co-líder de The Roots argumenta de manera convincente no sólo que el hip-hop es una pieza fundamental de la historia cultural, sino también que, hasta cierto punto, es historia, como en una forma de arte “que ha seguido su curso en un momento importante”.
A lo largo de más de 300 páginas, Questlove utiliza su experiencia como artista, DJ y productor para explorar cómo ocurrió esa transformación. Es un guía turístico afable y experto a través de los anales del hip-hop, tan experto en hilar hilos como en tocar discos. El libro está organizado según quinquenios. Cada media década está definida por su propia droga. La etapa embrionaria del hip-hop se produjo entre 1979 y 1982, un período que, según Questlove, estuvo moldeado por la cocaína y el ancestro cercano del rap, la música disco. El género pasó a su era del crack de 1987 a 1992, la marihuana ocupó un lugar central entre 1992 y 1997, y el éxtasis llevó al hip-hop a un nuevo milenio de 1997 a 2002, y así sucesivamente, hasta llegar al anestésico estético actual: el fentanilo. Pero, afortunadamente, “estos períodos no son sólo farmacéuticamente distintos”, señala Questlove. “Cada época tuvo su propio estilo, sus propios temas, su propia tecnología, su propia cultura”.
Questlove considera finales de los 80 y principios de los 90 como la «época dorada del hip-hop, cuando MCs y DJs innovadores parecían surgir cada pocos meses, y los álbumes clásicos brotaban con regularidad». Esa época, repleta de obras maestras de Public Enemy, De La Soul y NWA, es universalmente venerada, pero Questlove también reconoce que coincide con los años entre el instituto y su consagración artística, una época en la que se dedicó a buscar inspiración y comprender la construcción del hip-hop. Si bien el conocimiento del autor sobre el hip-hop es tan profundo como el de cualquier musicólogo, es su pasión por ciertos artistas y canciones lo que lo distingue.
La música del presente se construye sobre la música del pasado, como piezas de Lego. El hip-hop no podría haber existido sin la música que lo precedió, y la música disco, el funk y el R&B fueron grandes influencias en él. Para Questlove, escuchar «Rapper’s Delight» era como escuchar «Rock Around The Clock» de Bill Haley o «Hound Dog» de Elvis Presley en los años 50. A partir de ahí, se adentra en el rap y enumera algunas canciones que le encantan.
La trayectoria personal de Questlove, desde héroe de culto hasta figura reconocida (como DJ para los Obama y rockeando cada noche en la televisión abierta), le ha proporcionado experiencias extraordinarias, lo que permite incluir anécdotas magníficas en este recorrido por la historia del hip-hop. Si bien dista mucho de ser una enciclopedia del género, para una breve historia de su desarrollo en Estados Unidos, difícilmente se encontrará una narración con mayor autenticidad y pasión.
