
Kerouac escribió que la única gente que le interesaba era la que está loca, «loca por vivir, loca por hablar, loca por salvarse, con ganas de todo al mismo tiempo…». De este furor están hechos los protagonistas de «La guerre est déclarée«: Romeo y –cómo no- Juliette son unos eternos niños que se desmelenan por las fiestas y las calles de París perdidamente enamorados y que, de repente, se ven con un hijo enfermo en una carrera vertiginosa contra el tiempo, la desaparición y la pérdida. Todo es urgente y emocionante en la película de Valérie Donzelli, esta Pippi Calzaslargas adulta que no teme el ridículo ni el exceso a la hora de exponer su propio dolor. Tragicómica, romántica, vibrante, o simplemente «una película de acción» como la define su directora, habrá que verla ni que sea sólo por admirar cómo lucha «la gente que nunca bosteza ni habla de lugares comunes, sino que arde» – no se sabe si por un instinto ciego o una inocencia absurda-, pero con ganas infinitas y, además, una banda sonora inolvidable.
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