El jardinero

El jardinero (Jekyll & Jill, 2018), es el título de la tercera y admirable novela de Alejandro Hermosilla. Una lectura diferente, no apta para todo tipo de estómagos ni paladares acomodados. La historia transcurre en una fortaleza y sus alrededores, en una época sin concretar, en un entorno donde reina el odio, la violencia, las torturas, el egoísmo, el incesto, el azote, además de otras calamidades. La relación cargada de antipatía y aborrecimiento entre un noble y su jardinero, una relación confusa en la que se mezclan las identidades y la personalidad de ambos personajes. Como un respiro para el lector, Hermosilla va alternando una serie de capítulos en los que cuenta anécdotas referentes al mundo de la jardinería, que suponen un breve masajeo ante la contractura intelectual que infringe la obra. Paras de leer, miras al techo y te preguntas: ¿pero qué coño es esto? Pero no hay salida, sigues y sigues, sin parar, ese delirio magnánimo, ese rayo que impacta en tu cabeza. ¿El sueño es la excusa o es la puerta de emergencia? No, es un engaño. Cuando la atraviesas estás en el más rotundo infierno. No hay fuego. El infierno es la bacanal más bella y desenfrenada que te puedas imaginar. Una fiesta donde los productores invitados la han liado a base de bien: Blanchot, Beckett, Bernhard, Kafka, Lautréamont, Sade. ¿Lo ves? Esa intensidad radical llevada al límite del amor o la incomprensión. Una fiesta psicodélica del lenguaje, una espiral infinita de perturbación mental que produce un éxtasis placentero y un agotador paseo por el jardín de la pasión. Una barbaridad, amos y esclavos. Muy recomendable.


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