El último mono

Cuando comienzas la lectura del libro sabrás lo que va a pasar desde la primera hoja y media. Un adicto en la última pelea por dejar la heroína, los días que ha de durarle el síndrome de abstinencia, o sea, “el mono”. Todo esto sucede cuando un traductor -un padre- se enfrenta a la traducción de una novela pretenciosa y mal escrita, y esa duda de si mejorarla o dejarla tal cual está. Si alguien apreciaría los cambios y cuál sería la reacción antes ellos. El título del libro da lugar a una expresión polisémica que apunta, como en este caso, a un adicto en su último asalto por dejar la droga, o a esa sensación de sentirse la última persona, el menos importante, en una situación o escenario definido. Según avanza la novela el narrador deja una leve sensación de que él se considera así por una serie de factores, entre los cuales se encuentran los gajes del oficio de un traductor. Decide, ante la experiencia que vive, tratar lo que escribe como si fuera un verdadero ejercicio de traducción, con todas sus alternativas, pero contándolo como si fuera una novela, la primera experiencia como autor. “Todas las familias felices se parecen pero las infelices lo son cada una a su manera”, decía Tolstói. De este libro emana esa verdad. Ante los acontecimientos, además de buscar causas y leyes, lo que hay que hacer es observar y tratar de recordar cómo se fueron produciendo los propios acontecimientos. Luego viene otra adicción: leer este libro.

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OMU

Auténticos pedacitos de Japón en cada bocado.



Por Editora Barcelona en LIFE HACK

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