Sueños y secretos de… Antonio Díaz

Soy Antonio Díaz y soy mago desde muy pequeño, más o menos desde los 4 años.

¿Qué o quién hizo que te aficionaras a esto de la magia?

Me aficioné cuando un mago, que en realidad era un amigo de mi padre que se llamaba Adolfo Márquez, me sacó una moneda de la oreja. Me pasé unas cuatro semanas tocándome las orejas esperando encontrar más. Él fue el primer mago que me enseñó trucos y que me contagió la pasión por la magia. Bueno, y también David Copperfield, porque cuando le vi de pequeño volando en la tele flipé, hasta me puse a ensayar el truco de volar sobre mi cama. Y de ahí me vino, luego empecé a leer libros y demás, aunque he de decir que he tenido mi etapa de amor y de desamor con la magia. Hasta los 13 años o así me encantaba, pero después me aleje un poco de ella porque me parecía muy casposillo el rollo ese del mago: el frac, la brillantina, el confeti… Y todo eso me echó para atrás. En cambio, me empezaron a interesar mucho el teatro y la música; formé una banda, me licencié en arte dramático y al final me di cuenta de que, además de contar con la herramienta para poder conectar con la gente que me había dado el teatro, tenía toda esa técnica de magia ahí olvidada que, en realidad, era lo que se me había dado bien siempre.

¿Y cuándo decidiste dedicarte a ello profesionalmente?

Pues fue casi sin querer… Empecé en el Institut del Teatre con 18 años, a los 19 creamos la compañía Abbozzi (donde mezclábamos la magia con el teatro) y a los 21 ya vivía sólo de esto. Aunque el primer espectáculo que he hecho yo sólo es el de Mr. Snow.

Así que Copperfield volando… ¿Has intentado ese truco alguna vez?

Ese probablemente sea uno de mis sueños, desde pequeño, habré visto el vídeo de Copperfield unas cien mil veces. Sí que he hecho pequeñas levitaciones y tal, pero aún no tengo el dinero de Copperfield para lograr un truco como el suyo.

¿Así que importa el dinero en el mundo de la magia?

Sí y no. Yo creo que lo más importante es el ingenio, la presencia escénica y el conectar con la gente. Si conectas con la gente, lo tienes todo hecho. A mí me preocupa mucho el ritmo, que haya una química chula, poque al final, como dice mi madre, “más vale caer en gracia, que ser gracioso”.

Es verdad, en el espectáculo de Mr. Snow, aparte de magia, hay un componente muy importante de humor, ¿qué papel crees que juega en el ilusionismo?

Creo que el humor y la magia casan muy bien. Solemos asociar mucho la magia a la infancia, y la verdad es que me cuesta entender la magia para adultos sin humor… Porque el humor es un lubricante perfecto para llegar a la gente. Pero además del humor, me gusta que la magia que yo hago tenga un toque tierno, mi personaje es como un canalla tierno, de esos a los que les coges cariño pero a la vez piensas “¡qué cabrón!”. Este equilibrio es lo que me interesa, porque si te quedas en lo tierno, es fácil caer en lo pasteloso, así que intento que haya de todo, un poco de rock y un poco de ternura.

¿Por qué tenemos esa manía de preguntar siempre a los magos cómo han hecho sus trucos? ¿Por qué nos cuesta tanto entrar en el juego de la magia?

A mí siempre que me piden que les cuente un truco, les pregunto “¿sabes guardar un secreto?”, “pues yo también”. Lo bonito de la magia son precisamente eso, los secretos. La magia no ha sobrevivido gracias a la puesta en práctica, sino gracias a los secretos. Además, es un código muy bonito que estableces con la gente: yo sé algo que tú no sabes y tú sabes que no es verdad, pero juegas a creértelo. Es como que todas las partes de una mentira estamos de acuerdo en esa mentira. O sea, que es una mentira bonita. Y la verdad, la gente que se lo toma como reto intelectual me da un poco de rabia y en el espectáculo me lo paso pipa con ellos. El que se lo toma como un reto siempre va a perder, porque aunque crean que han visto algo, un juego se puede hacer de muchas formas distintas, y al siguiente día que venga, su propia teoría se va a caer. La magia es para jugar.

¿Quién es el misterioso Mr. Snow?

Mr. Snow es el mago más grande de la historia. Era un mago catalán, de Besalú concretamente, que se fue a Estados Unidos, donde se convirtió en uno de los magos más importantes del mundo. Le hizo la competencia de tú a tú a Houdini y consiguió una enorme fortuna.

¿Y de dónde surgió este personaje?

Pues en realidad está muy inspirado en Houdini y en Copperfield, aunque también tiene cosas del realismo mágico, como eso de que estuvo dentro de una ballena o lo de que allá donde iba no nevaba nunca. Es el mago que yo quiero ser algún día.

Y la idea de hacer un espectáculo como si fuera un mockumentary

Yo andaba en busca de algo que hiciera diferente al espectáculo, que tuviera una historia y que además ésta tuviera que ver con un mago, para que el elemento de la magia estuviera justificado y no fuera un simple efecto especial. El espectáculo está muy inspirado en películas como “Big Fish”, “Forrest Gump” o “Las vidas posibles de Mr. Nobody”. Me apasiona la idea de recorrer la vida de un hombre a través de flashbacks y flashforwards, aunque para mí el tema principal del espectáculo es cómo cada uno administras su vida, sus sueños y sus secretos.

En el espectáculo suenan algunas joyas de Johnny Cash o Dire Straits (entre otros muchos), algo que también hace que sea diferente a los demás shows de magia, ¿quién se encarga de elegir la música?

La elijo yo, aunque también me asesora mucho mi hermano, porque los dos somos muy muuuy melómanos y nos pasamos el día escuchando música. De hecho, junto a la bombilla y la rueda, creo que Spotify es uno de los grandes inventos de la historia. La música que suena en el espectáculo es la que yo escucho. En realidad, yo soy un músico frustrado, a mí me gustaría haber sido un Beatle, ¡soy un friki de los Beatles! Lo que pasa es que al final, me he pasado muchas más horas con cartas que con un instrumento, pero lo que envuelve a la magia me gusta menos que lo que envuelve a la música, por eso intento juntar ambas cosas. Además, yo siempre digo que me gustaría que mi magia tuviera un sello personal; en la música hay muchísimos estilos, pero en la magia no, y esto me da mucha pena, porque lo que acaba pasando es que en cada país sólo hay un mago famoso, que es el mago que sale en la tele. No quiere decir que sea el mejor ni el peor, pero no hay sitio para más porque, como no hay diferentes estilos, todos hacen más o menos lo mismo. Si cada uno tuviera su estilo, habría sitio para muchos más.

Ya que nos has hablado de tus referentes musicales, ¿alguien a quien admires en el mundo de la magia (además de a David Copperfield)?

Hay un mago argentino que se llama René Lavand que me encanta. Es un mago que en realidad es un contador de historias, quizás el único mago que alguna vez me ha puesto los pelos de punta. Él perdió un brazo cuando era pequeño y, a pesar de eso, siempre quiso ser mago. Así que todas las técnicas que existen en la cartomagia, él las ha modificado para poderlas hacer con una sola mano. Y hace cosas que despistan incluso a los propios magos. Sin embargo, para mí no es ese su mayor reclamo; lo es su forma de contar historias. Explica unas historias preciosas con cartas y, del mismo modo que mi magia está muy manchada de la música, la suya se ve que está súper manchada de la literatura.

¿Nos cuentas un sueño (además de volar como David Copperfield)?

Llegar a ser algún día la mitad de lo que fue Mr. Snow.

¿Y un secreto?

Que estoy metido en un proyecto que me hace mucha ilusión y en el que, si todo sale bien, llegaré a conocer a cuatro de mis ídolos: Paul McCartney, Scarlett Johansson, Michael Phelps y David Copperfield.

Fotografía por: Yasmina Moya.

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