No sé si os habéis planteado alguna vez ejercer de guiris en toda regla reservando un día en el que visitar, por ejemplo, la Sagrada Familia en solitario y luego echar unas cañas o unos vinos por algún restaurante del barrio. En mi caso muchas, pero si algo fallaba en ese plan era el planteamiento de: “Vale, voy, y luego… ¿dónde ir para no acabar en un restaurante con precios altos y sin apenas calidad en la zona?”. Tengo la respuesta: Singular. Este restaurante abrió en junio del año que ya termina y en seis meses se ha consolidado como una oferta potente del barrio con la que ir a degustar todo tipo de platillos tradicionales con algún giro. Ofrecen desayunos, brunchs y cenas, se trata de un espacio en madera cuidado a la perfección, con la cocina en la planta de abajo, a la vista del comensal. Su fachada nos invita a un café en su ventanal en primavera, pero eso será en unos meses. Mientras tanto, y con el frío: interior cálido en el que degustar platos como su sardina ahumada con coliflor del huerto -que tienen en Esparraguera, a través del que se abastecen de frutas y verduras de calidad. Donde también está el horno de leña en el que hacen el pan de coca que sirven-, el pan de malta con carpaccio de cecina, frutas de temporada y queso cremoso -exquisitez en la portada de este artículo-, las alcachofas con jamón y espuma de queso, el mini madrileño -tapita-guiño que es un ¡mini bocata de calamares, sí!-, los calçots en tempura con salsa romesco o el sabrosísimo y bien elaborado pulpo con boniato. Todo cuidado al detalle, con un gusto por ofrecer una experiencia deliciosa a sus clientes, guiris -por un día o por muchos- o locales de siempre. No dejes de visitar este pequeño paraíso en la tierra: mosaicos, azulejos y madera con los que adentrarnos en su salón, y disfrutar mucho de su buena cocina. Un diez.
//Fotografías del espacio (3, 4 y 5): Sara Llobet.
Fotografía comida: Alicia G.