Entrevista a Laura Ligari y Pablo Giori

La fotografía experimental ha dejado de ser una rareza marginal para convertirse en una auténtica comunidad internacional en expansión. En el centro de este movimiento, se encuentra el Experimental Photo Festival, una cita anual en Barcelona que, desde su creación en 2020, no ha dejado de crecer. Este año, con más de 60 talleres, 21 exposiciones gratuitas y el lanzamiento del 1er Encuentro Internacional de Festivales de Fotografía, el festival da un paso más en su misión de abrir nuevos caminos creativos. Hablamos con sus directores, Laura Ligari y Pablo Giori, sobre el espíritu del festival, sus objetivos y cómo se imagina el futuro de la fotografía desde Barcelona.

¿Cómo nació el Experimental Photo Festival y qué lo diferencia de otros encuentros fotográficos?

Pablo: El festival nació de una necesidad muy concreta: crear un espacio donde la experimentación fotográfica tuviera cabida como centro de todo. En 2020, cuando organizamos la primera edición, conseguimos reunir en Barcelona a 180 personas justo antes de la pandemia. A partir de ahí, entendimos que esto no era solo un evento, sino el inicio de una comunidad.
Laura: Lo que nos hace diferentes es que no creemos en la separación entre artistas y público. Aquí, todo el mundo participa, aprende, comparte. Es más un espacio de creación colectiva que un festival tradicional.

¿Qué significa para vosotros «fotografía experimental» y por qué insistís tanto en que es más una actitud que un estilo?

Laura: Porque lo es. No se trata de una técnica concreta, sino de una forma de mirar y de hacer. Experimentar es cuestionar los límites del medio, probar, equivocarse, volver a probar… No buscamos la perfección, sino la búsqueda.
Pablo: Hay más de 140 técnicas experimentales registradas, algunas que ni siquiera requieren una cámara. Pero lo importante no es la técnica, sino lo que despierta en quien la practica: curiosidad, rebeldía, juego.

¿Qué rol juega la comunidad en el desarrollo del festival? ¿Cómo os aseguráis de que sea inclusivo y participativo?

Laura: Lo más importante para nosotras es que cualquier persona se sienta bienvenida. Trabajamos con criterios claros de horizontalidad, transparencia y paridad de género, y esto se refleja en todo: en el equipo, en los talleres, en cómo seleccionamos a los artistas.
Pablo: Cada edición es un esfuerzo colectivo. Más de 600 personas participan activamente en los talleres, y otras miles visitan las exposiciones. No hay espectadores pasivos: todos son parte de la experiencia.

¿Qué buscáis transmitir con el lema de que esto es más un campamento de verano que un festival tradicional?

Pablo: Queremos que la gente se sienta libre. El ambiente es relajado, creativo, lleno de energía. Hay talleres desde la mañana hasta la noche, charlas, exposiciones, conciertos por la noche, un picnic final en la playa… No es un evento institucional, es una celebración.
Laura: Es también una manera de aprender sin jerarquías. Aquí nadie es más que nadie, todas aprendemos de todas. Eso lo cambia todo.

¿Cómo habéis visto evolucionar el interés del público general hacia la fotografía experimental?

Laura: Muchísimo. Hay una curiosidad genuina. La gente se acerca a las exposiciones y se queda fascinada al descubrir que se puede hacer una fotografía con hojas, con químicos naturales, o incluso sin cámara.
Pablo: Y eso ha hecho que mucha gente se anime a participar. Cada año tenemos más inscritos, tanto en Barcelona como online. La fotografía experimental está dejando de ser una rareza para convertirse en un lenguaje accesible y contemporáneo.

El festival incluye talleres, charlas, exposiciones e incluso conciertos. ¿Cómo se organiza un programa tan extenso?

Pablo: Con mucha planificación (risas). Pero sobre todo con un equipo comprometido y con ganas de compartir. Cada persona que participa sabe que forma parte de algo más grande. Eso lo hace posible.
Laura: Y no lo hacemos solas. Contamos con el apoyo de la Generalitat, del Ajuntament, de centros como el Pati Llimona o el IEFC, y con una red de voluntarios sin la cual nada de esto sería viable.

¿Qué artistas o técnicas destacaríais de esta edición de julio?

Laura: Uf, ¡difícil elegir! Pero hay propuestas muy interesantes: Jill Enfield con Van Dyke Brown, Ella Morton con mordaçage, Luluwa y Beenish desde India trabajando en cartografías fotográficas, o la performance de cianotipia en la playa de Javier Talavera.
Pablo: También destacaría la variedad: desde inteligencia artificial con Polaroid hasta fotografía pintada con química o libros fotoquímicos. Cada taller es una invitación a pensar de otra manera.

¿Qué nos podéis contar del nuevo Encuentro Internacional de Festivales de Fotografía? ¿Por qué era necesario crear algo así?

Pablo: Porque no existía. Hay más de 600 festivales de fotografía en el mundo, y nunca antes se habían reunido. Creemos que era el momento de generar un espacio común donde compartir recursos, buenas prácticas y miradas.
Laura: Será del 4 al 6 de julio, justo antes del festival. Vienen representantes de más de 50 festivales internacionales. Vamos a presentar el Primer Informe Global sobre el Estado de los Festivales de Fotografía y a fundar oficialmente la IPFA, una red internacional que dará continuidad a este encuentro.

¿Cómo imagináis el futuro del festival y su papel en el panorama fotográfico global?

Pablo: Nuestro sueño es que siga siendo un lugar de referencia, pero sin perder la frescura ni el carácter experimental. Queremos crecer, sí, pero sin convertirnos en un evento institucionalizado. La clave está en la comunidad.
Laura: Y en seguir abriendo puertas. Cada año sumamos más voces, más técnicas, más culturas. Si podemos mantener esa energía colectiva, el futuro será brillante y, sobre todo, impredecible. Como debe ser.

Finalmente, si alguien nunca ha ido al Experimental Photo Festival, ¿por qué debería animarse este año?

Laura: Porque es una experiencia única. No solo vas a aprender técnicas increíbles, también vas a conocer gente de todo el mundo, descubrir nuevas formas de crear, de mirar, de vivir la fotografía.
Pablo: Y porque es divertido. Hay exposición, música, talleres, comida, mar… Es verano en Barcelona y una fiesta de la creatividad. ¿Qué más se puede pedir?