Para Emily Dickinson, eran la mejor fragata para viajar a tierras lejanas. Para Borges, una extensión de la memoria y la imaginación; un sueño dirigido. Para Rubén Darío y para Groucho Marx, el mejor de los amigos. Para el autor de un viejo proverbio árabe, eran como llevar un jardín en el bolsillo. Para Balzac, una victoria ganada en todos los campos de batalla del pensamiento humano. Para Kafka, una expedición a la verdad. Para Ray Bradbury, una de las dos cosas con las que uno se puede acostar (además de con una persona). Para John Waters, el mejor indicativo de la verdadera riqueza. Para Thomas Jefferson, era imposible vivir sin ellos. Para Susan Sontag, eran la libertad. Y punto. Nos acompañan allá donde vayamos, por muy lejos que sea; sufren con la humedad, con el fuego, con el tiempo. Sufren cuando se están quietos durante demasiado tiempo, sin que nadie los abra ni camine por sus páginas. Y nos regalan momentos de felicidad sin límite. Una vez al año, los libros celebran su día, ¡pero no nos olvidemos de que siguen ahí los otros 364 días!
Y es que, por muy mal que vaya todo, siempre nos quedarán los libros. Y esperemos que siga siendo así siempre, dicen María y todo el equipo de Le cool Barcelona.
Y aunque nos encantan los libros, no todo se encuentra en ellos. Por eso, como cada semana, en nuestra web, en Facebook y en Twitter encontrarás algunas recomendaciones para que disfrutes también leyendo la ciudad.