“Ésta es mi película de Facebook”, dice Robin, y ¡pam!, Batman lo abofetea al grito de “¡basta!”. Y reímos. Quizás hayáis visto la viñeta estos días. Dejando de lado que el hombre murciélago tenga toda la razón del mundo al acallar a su pesado amigo, quiero centrar la atención en que estamos hablando de un meme. Para quien no sepa aún de qué se tratan, los memes son el humor. Los memes son el heredero natural y legítimo de los chistes de sobremesa. Los memes, queridos amigos, son Dios. Porque el susodicho, susodicha o susoloquesea, según todas las religiones, es el creador de todas las cosas, ¿y qué hay más creativo que ponerle brazos de oficinista a un pájaro silvestre? Y qué decir del ya obsoleto OLA K ASE (condenado ahora al ostracismo por culpa de la tiranía de la modernidad líquida, que hace caducar las modas cual yogures bífidus), un fenómeno mundial basado en -no lo olvidemos- la foto de una llama. LA FOTO DE UNA LLAMA. Apuesto a que muchos preadolescentes descubrieron al animal gracias al meme, así que no desdeñemos su valor educativo. Maldita sea, quiero romper una lanza por todos aquellos creadores anónimos, esos diosecillos que a base de ingenio y Photoshop nos hacen reír sin pedir nada a cambio en nuestras -demasiado- largas horas de oficina.
¡Alabados sean los memes! Dice Samuel y todo el equipo de Le Cool Barcelona.
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