Hay que dar paso a la poesía. Refrescar ese tumor cotidiano con forma de ciénaga que obtura los ojos de la realidad cotidiana. La poesía es la otra cara de lo acostumbrado, una relación con esa magia oculta que subyace en todo lo que nos rodea, pero que por incapacidad, o por falta de estados propicios para la reflexión en la vorágine de nuestras ocupaciones, no solemos captar. El primer poemario de Joseph Wilson maneja situaciones dolorosas, nos sumerge en pozos de lágrimas para sentir el roce de los miles de peces de colores. Techos y cristales que caen sobre las ilusiones que forjamos a base de tiempo. Casas hipotecadas, montones de firmas y engaños. Esperamos, en sueños, que en el campus rebroten las ilusiones y la respetabilidad, los signos de la civilización.
“Nos representan divisas ceros y más celos ciempiés y milpiés que marchan detrás del dígito se puede leer la voluntad el esfuerzo el deseo de ti y de millones y saben calibrar la máquina”
No beses la lona, que no lo cuente Gay Talese. Joseph Wilson es un cirujano capaz de hendir la pluma en el corazón de la ciudad. Lo suyo son juegos de intersecciones, la espiritualidad y los valores. Que así fluyan, río abajo, en busca de otras realidades posibles.
Ilustración: Pedro Perles