Aquello que recordamos, ¿realmente ha sucedido? ¿Sabemos que un mismo suceso no es detallado de la misma manera por dos personas que estuvieron presentes? El cerebro toma nuestras percepciones, nuestras emociones y nuestras experiencias vividas para formar una imagen, “más o menos” aproximada, a lo que sucedió en realidad. Valencia es el lugar idóneo para reescribir al ídolo agitando su metamorfosis. Un escenario ocupado por el mito, David Bowie, el fascinante personaje andrógino y sofisticado. Acostumbrado a los cambios de ritmo, taciturno, camaleónico, extraterrestre, una exhalación en la vida. Rafa Cervera elige los veranos en la periferia, en El Saler, un enclave digno para el despertar juvenil. Todos hemos vivido esos episodios en el silencio de una playa desierta, un entorno que supone soñar, musicalmente hablando. Las peripecias de Bowie, Iggy Pop y Coco, por un lado y la de tres jóvenes por otro, poseídos por el círculo luminoso del cantante británico. La fantasía puede ser tan verosímil como los hechos admisibles. Es posible que confundamos lo real con la ficción y no nos demos cuenta, pero un objeto, una persona o una situación imaginada lo suficiente, puede dejar la misma huella que si estuviéramos convencidos ante ello. Hay un hombre esperando en el cielo que quiere venir y conocernos, pero le prefiero allí, lejos del mundanal ruido. Starman es el camino.
