ParaPark

A los que hemos crecido con videojuegos como «Day of the Tentacle» o «Monkey Island» las palabras «aventura gráfica en vivo» nos suenan a poco menos que un «dónde hay que firmar». Y es que si eso de rebuscar en habitaciones, guardar objetos «por si acaso» y resolver acertijos ya mola detrás de la pantalla, ¡imagínate en persona! Así que cuando supe de la existencia de Parapark no pude hacer otra cosa que probarlo. Y la verdad es que valió la pena. Mucho. Porque uno iba algo escéptico, pensando que iba a encontrar un juego falseado, excesivamente lineal, controlado… cutrón, vamos. Pero nada más lejos de la realidad. Mis tres amigos y yo (pueden participar de dos a cinco personas por sesión) entramos de lleno en una aventura completamente ajena a nuestra vida real. De pronto estábamos en un rellano con dos pisos y una puerta de salida, puerta que debíamos cruzar antes de una hora, y puerta que, obviamente, estaba cerrada a cal y canto. ¿Cómo salir? Pues quedándonos ahí parados no, eso estaba claro, así que empezamos a revolverlo todo en busca de llaves, pistas o lo-que-sea. Porque esa es la clave del juego: buscar, o más bien dicho, rebuscar (mención especial al placer de desordenar una habitación ajena como si no hubiera mañana), pero también hay que pensar y trabajar en equipo. Y ahí está la gracia: el trabajo en equipo. Repartirse las tareas, compartir ideas, felicitarse tras los éxitos y, por qué no, gritarse de vez en cuando. Al fin y al cabo, es una misión contrarreloj y estás ahí para resolverla, ¿no? En definitiva: tensión, evasión, adrenalina… la experiencia Parapark es más que recomendable. Servidor se ha quedado con ganas de más y tendrá que esperar a que abran el «segundo nivel», que ya está en proceso. Y si tú aún no lo has probado, aprovecha ahora, que no te arrepentirás. ¡Palabrita de Le Cool!