A una semana del Sónar, con los motores más que calientes, nos acercamos a charlar con Pere Solé y Fabrizzio Rizzin, componentes de Downliners Sekt . El dúo catalano-francés comenzó el año con buen pie, y es que el lanzamiento de su tercer LP, “Silent Ascent”, les ha supuesto toda una colección de alabanzas. Ritmos complejos, estructuras acuosas y una atmósfera diferente y embriagadora. El próximo viernes a las 23h podrás deleitarte con su música en el SonarLab, pero mientras tanto:
Las apuestas dicen que 2014 es vuestro año. ¿Cómo se presenta para vosotros el Sónar? ¿Qué expectativas tenéis?
Sónar es siempre una semana en la que disfrutar en Barcelona, un momento de reencuentro con amigos, como si fuera Navidad en verano. Este año es más especial si cabe, porque volvemos a estar en el cartel y encima programados en el Sónar de noche, en nuestro escenario favorito, el que mejor suena de todo el festival. ¿Qué más podemos pedir?
¿Cómo es la vida en Barcelona para vosotros, y cómo describiríais el panorama local actual?
Barcelona nos permite algo que ya no nos permitían otras ciudades en las que hemos vivido: poder mantener nuestra salud mental bajo control mientras seguimos produciendo. Es una ciudad acogedora, poco agresiva, hay buen humor en el ambiente y el clima es agradable. En situaciones de prolongado trabajo en el estudio esto es muy importante. Un proceso tan largo y duro como ha sido la gestación de “Silent Ascent” hubiese sido casi imposible en las ciudades donde vivíamos antes. El panorama local ha mejorado en cuanto a que quizás hay más gente produciendo y haciéndose un nombre en la escena internacional. Talento hay, siempre ha habido, pero la ciudad en sí sigue muy falta de lo que básicamente se resume en “tradición”. Se ven ahora algunos brotes que, ojalá, dentro de años se conviertan en algo sólido, pero falta mucho camino por recorrer aún.
Tenéis una potencia increíble en directo, ¿qué significa para vosotros el contacto directo con el público?
Apreciamos mucho estos momentos. Es la vuelta a los orígenes, a la cosa básica y elemental. Vivimos una época en la que se socializa de manera muy solitaria y fría, todo a través de pantallas de ordenador, teléfonos móviles… En la música pasa también esto: se consume bastante música, pero en muchos casos de manera individual, aislado cada uno en su interior. El directo te reconecta con un modo de compartir experiencias que poco a poco, y sin darnos cuenta, estamos abandonando.
Sois unos verdaderos obsesos de la música, sabéis pulir bien y cuidar cada detalle. ¿Cómo resumiríais vuestra evolución en los últimos años?
Estilísticamente es difícil de definir, nunca nos paramos mucho a analizar este tipo de cosas. A veces la evolución que alguien pueda percibir desde fuera es debida a una voluntad del artista, o a veces puede venir dada por el formato que se esté trabajando, o por mil cosas más. Por ejemplo, antes de este LP habíamos estado unos años centrados en formatos más cortos, que nos permitían ser más radicales en ciertas propuestas. Tal vez inconscientemente el saber que estás en un sello más grande y que tu disco tendrá mayor exposición te hace trabajar de otra manera.
Firmar con el prestigioso sello francés InFiné supongo que fue una gran noticia. ¿Qué tal la experiencia con ellos? ¿Qué siente uno estando rodeado de artistas tan potentes?
Bien, nos tratan estupendamente. Muy contentos con la total libertad que nos otorgan para trabajar, y también por poder tener finalmente un mínimo de condiciones para trabajar y defender lo nuestro.
“Silent Ascent” es, sin lugar a dudas, un discazo. Profundo y excitante. ¿Qué hay de vosotros en cada tema? ¿Cómo ha sido el trabajo en el estudio?
La creación de este disco, como todo lo que hemos hecho hasta la fecha, ha sido un periodo largo y difícil. Siempre hemos sufrido bastante para obtener resultados que nos satisfagan, hay un toque un poco obsesivo en nuestra manera de ver las cosas que hace que los procesos de creación no sean especialmente divertidos. Lo que hacemos es lo que somos artísticamente, aspiramos a realizar obras que sobrevivan el paso del tiempo, y siempre tenemos cierto miedo a que quizás no se vuelvan a dar nunca más las condiciones óptimas para poder seguir produciendo música al nivel que nosotros queremos.
¿Qué tal la experiencia en el Sónar Reykjavík? ¿Y en Estocolmo?
En el de Reykjavik tocamos en un horario un poco malo, la gente estaba empezando a llegar, todo fue bastante frío, y no guardamos un recuerdo demasiado bueno de ese live. En Estocolmo, en cambio, el público era mucho más loco, mucho más entregado, el live sonó muy bien y todo fue más divertido. Pero el viaje, la gente que conocimos y la experiencia de estar en los dos sitios durante ese fin de semana fue realmente increíble.
Pregunta obligada: ¿cuáles son vuestras influencias? Cualquier cosa que te puedas imaginar, o incluso lo que no te imaginarías nunca. Nuestras colecciones de música son enormes, la música para nosotros es algo vital.
¿Nos contáis un sueño?
Demasiado complejos para poder contarlos.
¿Y un secreto?
Prometimos guardarlo.