Las vacaciones de verano solían ser para desconectar pero también para planear el nuevo “curso” aprovechando que tenía la mente más despejada. Pero (¡joder!), con la que está cayendo, con lo que leemos en prensa cada día: corrupción, indultos, pobreza, el pasotismo de nuestro dirigentes… a cualquiera se le pasan las ganas de querer ver más allá de hoy. Estoy aletargada, cuántas veces habré dicho yo eso de “no entiendo cómo no salimos a las calles y nos levantamos contra todo”. Pero es que ¿acaso yo me he rebelado? No, me he limitado a manifestarme paseando y vociferando absurdas consignas. Por eso este verano me merezco (y me empeño) en empaparme de quienes en su momento sí supieron agitar conciencias. Mi primera lectura: “Tratado del saber vivir para el uso de las jóvenes generaciones“. Un clásico que promovió las revueltas de Mayo del 68 y cuya idea básica reside en “la defensa a ultranza del derecho individual a la subjetividad”. En resumidas cuentas, quiero volver a creer en esa idea tan simple del “tengo deseos; luego existo” y dejar de ser una esclava más./ Virginia
