Dicen que en tiempos difíciles, la gente busca refugio en la exuberancia. Y eso es lo que ofrece el nuevo Gala, un restaurante que respira exceso y surrealismo donde poderte evadir de la ciudad (por lo menos, por lo que dure tu comida). El nuevo restaurante de moda del Eixample, con un tiovivo en la entrada como carta de presentación, se ha convertido en el espacio más instagramable de la ciudad. Una enorme sala (la del antiguo Principal, mucho mejor aprovechada) se llena hasta los topes de una clientela mezcla gente guapa, pijos y curiosos sorprendidos. Todos con aspecto de tener ganas de pasarlo bien, objetivo que el Gala consigue con creces. ¿Y la comida? Pues contrariamente a lo que puedan creer escépticos y haters, en el Gala se come bien. La carta intenta agradar a todo el mundo, sin estridencias ni platos nicho, con una mezcla de clásicos mediterráneos, ceviches y un apartado de sushi variado. Nuestra tortilla abierta de langostinos, los ravioli de alcachofas y el arroz meloso con gambas no nos defraudaron.
El servicio cercano y energético, se mantuvo atento en todo momento. Durante la comida escápate a explorar cada rincón del restaurante: la tarotista escondida en los baños, la nariz-fuente del espectacular patio interior, o un reservado con escenario para espectáculo que sería la envidia de cualquier fiesta privada. Prepárate para sacarle humo a la cámara del móvil. El Gala ha llegado con ganas de hacer ruido.