Todos tenemos un lugar que no nos falla nunca, vayamos con quien vayamos, sea cual sea la ocasión, siempre te hace quedar bien. El mío (y el de mucha gente) era el Santa Gula, el pequeño y encantador restaurante de raciones de la parte baja de Gràcia. A finales de agosto nacía a un par de portales de distancia el Gula Bar, hermano pequeño del venerado Santa, con la intención de ganarse rápidamente al personal. La carta te sorprenderá a base de tapas desenfadadas y bocadillos gourmet como los instagramadísimos bikini de rabo de vaca estilo vietnamita, el mollete de calamares, coco y sriracha, o platillos de sabor impactante como las albóndigas de conejo tandoor, o los tacos de costilla ibérica a la brasa.
Un interiorismo moderno y acogedor, envuelve la cena para que te sientas a gusto sin estridencias. ¿Una cita, una cena con amigos, parientes lejanos de visita en la ciudad? El Gula Bar está a prueba de cualquier compromiso inesperado. Además se incorpora a ese grupo cada vez más escaso de restaurantes bonitos en los que es posible cenar bien por menos de 25€. El trono de la infalibilidad del Santa Gula se tambalea con la llegada de su hermano pequeño y rebelde.