La perla de oro bien podría llamarse “La tienda de Enfrente”. ¿Enfrente de qué? os preguntaréis Pues del todopoderoso y archiconocido CAÑETE (y con razón). Situada justo en frente del mítico restaurante se encuentra este colmado de exquisiteces, fundado por una pareja parisino-extremeña y con nombre de saga de Piratas del Caribe. Pero poco a poco empieza a brillar con luz propia y lo visitaremos a sabiendas, y no porque pasábamos por ahí de casualidad. El local cuenta con todos los elementos que hacen que sea un bien codiciado gracias a haber mantenido la esencia del antiguo colmado de barrio: véase fiambre y ristras de ajo colgados del techo, expositores años 50, barriles donde apoyar el codo y estanterías atestadas de productos del ayer. El menú es exquisito, quizá debido a que mensualmente viajan a Francia a por los productos. Quesos y embutidos, bocadillos con denominación propia, foie (lo había pero ¡se lo acabaron!), sobrasadas, tortilla de espinacas -que nos ofrecieron al ver que se retrasaban nuestros platos- y pan, del Baluard (!!) recién hecho y con aceite y sal: detalle que jamás debería faltar en una barra. Comida sin trampa ni cartón en un honesto local y a precio asequible. No he querido leer de dónde proviene el nombre porque prefiero pensar que el local es la perla, blanca y suave que se descubre al abrir la concha, que serían las callejuelas oscuras del Raval. Así de romántico, tú.
