Lagaleríade Canvis Nous/Consellers

A veces ocurre. Ese momento mágico en el que giras la esquina de una calle por la que pasas habitualmente y algo ha cambiado. Esa pared gris que veías a diario se ha llenado de retratos, de fotos de desconocidos sonrientes que ahora (y hasta que el tiempo las haga desaparecer) te observan mientras pasas por delante y ven cómo te cambia la cara al encontrarte con su mirada. Esto es lo que nos pasó el otro día cuando íbamos a comer y, al pasar por el solar que hay en Canvis Nous con Consellers, nos encontramos con el mural de la galería de Magdalena. Esta iniciativa, que se enmarcaba dentro de las actividades del pasado festival Eme3, consistía en fotografiar a los participantes del encuentro dentro de una caja sonriendo o haciendo el loco para luego colgar sus imágenes y mejorar, gracias a ellas, algún rincón abandonado de la ciudad. ¿El resultado? Pues como ellos mismo explican, “un gran mural construido con cajas de caras sonrientes de distintos tamaños que crecen y van haciéndose con el solar como un parásito, pero de los buenos”. Pues eso, de los buenos. Y ojalá que haya más parásitos así extendiéndose por los solares de Barcelona.

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