El bar Libertine se esconde dentro de Casa Bonay, uno de los hoteles del que más se está hablando últimamente. Con un interiorismo capaz de dejarte noqueado, el Libertine va más allá del típico lobby bar, es un espacio totalmente abierto (y pensado) para que lo disfrute la gente de la ciudad. La acción empieza temprano por la mañana con los desayunos. Una carta internacional con desayunos de distintos países, y en el que la tostada con calabaza y huevo poché está para hacerle un hijo. Deja que te rellenen la taza de café tantas veces como quieras con alguno de sus cafés artesanos mientras acabas con tu desayuno. A medida que avanza la mañana las mesas se llenan de ordenadores y se turnan las reuniones de trabajo en los sillones. A las 12h abre la cocina, hay ocho opciones de comfort food de ocho países distintos haciendo casi imposible que te canses de las opciones: ensalada griega, tortellini caseros de calabaza, sopa coreana, club sandwich con pollo de corral, o un sabrosísimo boeuf bourguignon. A nivel de bebidas, su programa de coctelería de autor se merece una mención especial por originalidad y por ejecución. Los jueves el Libertine se desmelena (un poco) con sesiones de DJ y bailoteo con las Noches Finas. Evento músico-gastronómico en el que un chef prepara una gran olla para los asistentes y un DJ se encarga de la banda sonora. Algunas Noches Finas han llenado -y bailado- hasta la bandera. El Libertine es muchas cosas en una, y todas buenas. Sé curioso, y adéntrate en esta casa de comidas y baile. Tu atrevimiento se va a ver recompensado.
