Estas semana sale a la venta la novela gráfica de Marta Kayser, La fábrica de papel, editada por Lumen. Una original y conmovedora investigación familiar, un debut revelación, un ejercicio sobre la identidad, el duelo, las raíces y el deseo de echar a volar. La entrevistamos para Le Cool Barcelona.
Marta, ¿nos sitúas en La fábrica de papel, tu debut con esta novela gráfica?
Esta novela habla de una pulsión y una vocación propia de escribir y de dibujar. Soy arquitecta y dejé mi empleo por por esta necesidad de empezar a explorar el mundo, de contar historias, de ahí nace. Esta pulsión se empieza a alimentar, casi mágicamente, de situaciones que voy descubriendo, y entre ellas la más importante es que tras la muerte de mi padre descubro unos dibujos de mi abuelo y de mi bisabuelo. Esto me revela un secreto: nadie me había dicho nunca que ellos dibujaban. Así que empiezo a verle todo el sentido a explorar mi propia necesidad de adentrarme en este mundo de escribir historias y dibujarlas. Esta novela es un camino personal de descubrimiento de mi propia vocación. A la vez que trato de tejer la memoria de los que me precedieron, en esencia es eso.
¿Qué elementos de tu formación y de tu profesión como arquitecta trasladas a la novela?
Hay muchísimas analogías. Lo primero que la arquitectura para mí siempre me ha resultado una profesión de construir narrativas, es decir, cuando estoy diseñando un espacio, estoy pensando siempre en el cómo la gente lo va a habitar, cómo va a ser la historia que ellos viven dentro de ese lugar. Luego también la arquitectura sirve de ancla para muchas experiencias y recuerdos, Tú siempre que narras algo, estás en un lugar determinado, te acuerdas de ese sitio. Luego en lo más técnico, para mí en todas las viñetas, siempre está muy presente el escenario, dónde ocurre, incluso qué luz, en qué momento del día. El paisaje y el espacio son un personaje más.
¿Qué idea te gustaría que quedara como resumen de la novela? Tenemos duelo por un lado, arquitectura por otro, hay investigación, asuntos familiares…
Es una novela de descubrimiento personal, de un camino propio, y también trato de que sea una una narración que transmita aliento, que a quien le llegue, le inyecte ese estímulo, esa fortaleza de determinación para tomar decisiones propias, para no posponer los sueños. Por eso cuando encontré los dibujos de mi abuelo y de mi bisabuelo, lo tenía claro. En síntesis, es una novela para decir sí.
En algún momento, al estar escribiéndola y dibujándola, ¿el dolor estuvo por encima de tu trabajo como escritora?
Muchísimo tiempo. Eso también ha sido uno de los handicaps a los que me enfrentaba y por lo que he tardado tanto tiempo, ha habido mucho duelo, claro. Hasta que he conseguido transformar el dolor en gasolina y en entender que, por un lado, estaba mi propio dolor y, por otro lado, estaba el hecho de entender que mi fin no era otro que hacer de esto algo universal, desapegarme de eso.
Ahora comienzas la gira de presentaciones, entrevistas… ¿Te deja todo ello tiempo para preparar otro trabajo?
Es verdad que todo esto es muy intenso, pero no me ha negado la posibilidad de escribir algunas ideas, algunos apuntes. No sé, siento que sigo explorando. De repente me he ido de la arquitectura para empezar a hacer cómic, pero he escrito desde siempre, he dibujado sin necesidad de contar historias, simplemente por el hecho de dibujar. También me flipa el cine. No tengo ni idea de qué formato le voy a dar. Es muy probable que tenga que ver con la novela gráfica o con el dibujo, pero no me aventuro.
